
Imagen – Flickr/Drew Avery

El áloe de montaña es un tipo de áloe que da gusto verlo. Es cierto que tiene espinas, pero estas son tan cortas que casi se diría que cumplen más la función decorativa (aunque esto no es así, ya que sin esas espinas los animales herbívoros de Sudáfrica no durarían ni un segundo en comerse sus hojas). En cultivo es, por propia experiencia, una planta bastante agradecida, que resiste la sequía y la calor, e incluso las heladas débiles.
Sin embargo, como pasa siempre que cultivamos áloes de porte arbóreo o arbustivo, resulta fundamental elegir bien la tierra en el que crecerá, y regar solo cuando sea estrictamente necesario. Por eso, recomiendo tener en cuenta lo siguiente:
Es una planta que ha de recibir sol desde que es joven. El Aloe marlothii es la típica especie que se tiene que poner en una zona donde reciba los rayos solares de manera directa durante todo el día (o buena parte de él). Por este motivo, no vivirá bien dentro de casa, salvo que se tenga un patio interior soleado.
Sus raíces no son invasivas, y su tallo es relativamente delgado, por lo que podrás plantarlo donde quieras.

Imagen – Wikimedia/Pamla J. Eisenberg
A la hora de regar al Aloe marlothii hay que tener presente que vive en las regiones semi-áridas de Sudáfrica. Por lo tanto, el riego ha de ser puntual, tanto si está en el jardín como si está en maceta.
Para que no se pudra, aconsejo regar cuando la tierra se haya secado totalmente. Cuando riegues, echa agua hasta que se salga por los agujeros de desagüe de la maceta, o hasta que la tierra se haya humedecido bien en caso de tenerlo en el suelo.
Aparte de agua, las plantas necesitan también abono, sobre todo si se cultivan en macetas. Así pues, durante la primavera y el verano se debe de abonar con abonos para cactus y otras suculentas siguiendo las indicaciones del envase.
Es una especie fuerte, pero se aconseja trasplantarlo en primavera. De todas formas, si lo compras por ejemplo en verano y ves que necesita una maceta mayor o quieres plantarlo en el jardín, puedes hacerlo siempre y cuando procures no manipular mucho las raíces.
De todos modos, no te recomiendo sacarlo de la maceta a menos que haya enraizado bien. Para comprobar esto, simplemente tienes que cogerlo del tallo (si ya lo tuviera) o desde abajo de las hojas inferiores, y tirar hacia arriba con cuidado. Si te cuesta sacarlo y/o si ves que el pan de tierra sale entero, es porque ha enraizado bien.

Imagen – Wikimedia/Bernard DUPONT
Soporta el frío y las heladas débiles y puntuales de hasta los -2ºC, aunque vivirá mejor en aquellas zonas donde las temperaturas se mantengan por encima de los cero grados.
¿Qué te ha parecido?