El árbol de durazno es una especie vegetal de gran importancia agrícola, originario de Asia, desde donde fue exportado hacia Occidente por poblaciones romanas. Por algún tiempo se pensó que se trataba de un árbol de origen persa, lo cual llevó a darle su nombre científico “P. persica”. Este árbol ganó una popularidad muy amplia en el Nuevo Mundo, donde fue introducido por los exploradores españoles durante el siglo XV.
Origen y distribución: El árbol de durazno es una especie endémica de las regiones áridas de China, aunque también se ha distribuido (por acción humana), a Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán. Además de esto, se ha implementado ampliamente en cultivos agrícolas en muchas partes del mundo.
Los duraznos habitan regiones áridas e invernales, aunque algunas de sus variedades se han vuelto más tolerantes a los climas tropicales. En América, la producción de duraznos es más popular en el subcontinente norteamericano. Especialmente Estados Unidos, sur de Canadá y Norte de México. En Suramérica, los países con mayor producción son Argentina, Brasil y Chile.
El árbol de durazno o melocotón, presenta un tamaño entre pequeño y mediano. Este árbol alcanza un máximo de 6 a 8 metros. Sin embargo, en cultivos, se mantiene entre los 3 y 4 metros de altura, mediante las podas de control de crecimiento.
Algunas de las características de las hojas son:
Las flores nacen en las axilas, justo debajo de las hojas. Se disponen individualmente y, en ocasiones en ramos de 2 a 3 en los nudos. Estos son formados en los nudos, junto a los brotes de crecimiento de la temporada previa. Entre sus rasgos distintivos se encuentran:

El árbol de durazno se ha diversificado en una impresionante cantidad de variedades. Algunas de ellas presentan una pulpa amarilla y un sabor entre dulce y ácido, muy apreciado en diversas regiones de Norteamérica. Actualmente se conocen más de 1000 variedades, entre las que resaltan:
El árbol y fruto de durazno tiene una importante representación en la cultura China, donde representa el símbolo de una larga vida o la juventud eterna. Pero, además de esto, representa una especie de gran interés agrícola, que genera grandes producciones y exportaciones en países como China, Estados Unidos, Chile, Brasil y México.
Los frutos de esta especie son usados para una gran variedad de preparaciones gastronómicas, especialmente en la repostería. Además, puede ser consumido solo, cuando ha madurado lo suficiente y ha liberado su jugoso y dulce sabor.
La mejor recomendación para cuidar adecuadamente un árbol de durazno es elegir una variedad adecuada, capaz de adaptarse a las condiciones climáticas correspondientes. Entre las variedades que se han desarrollado, existen algunas que se adaptan a climas invernales, mientras otros soportan temperaturas más cálidas.
El riego del árbol de durazno debe ser bastante frecuente, con el fin de mantener una uniformidad en el porcentaje de humedad, al menos durante los primeros dos años. Luego de estos, deben espaciarse los riegos para evitar un exceso de humedad que puede propiciar el crecimiento de hongos.
Estos árboles requieren pleno sol, pues al crecer en sombra se pierden muchas características importantes y, quedan expuestos al desarrollo de enfermedades y plagas de insectos, hongos, entre otros.
La poda es fundamental para el árbol de durazno. Se debe evitar que estos crezcan de manera excesiva, por lo que los brotes erguidos se podan, permitiendo que los laterales progresen y produzcan un árbol denso y prominente.
Además de esto, la poda evita que estas plantas se debiliten y dejen de producir una buena cantidad de frutos. Luego de los 3 años de vida, se deben eliminar brotes centrales, para conservar su forma. Las podas anuales fomentan la producción de frutos, esta suele hacerse a mediados o finales de abril.
Aunque los árboles de durazno prefieren climas templados a fríos, no soportan temperaturas extremas, que desciendan de -20 °C. La mayoría de variedades requieren de frío invernal para inducir el crecimiento, posterior al periodo de inactividad anual.
La manera más fácil de multiplicar el árbol de durazno es a través de esquejes de madera blanda. Para ello, es necesario tomar un corte de 7 cm durante la primavera y sumergirlo en hormonas de enraizamiento. Esto permitirá que el esqueje se agarre, para luego plantarlo en un medio estéril para macetas.
Lo mejor es plantar estos árboles a finales de invierno y principios de primavera. En este periodo, el árbol se encuentra inactivo, por lo que tendrá toda la temporada para establecerse de manera adecuada. Los árboles deben plantarse en un lugar soleado, en una superficie elevada, para evitar el encharcamiento de agua. El espacio donde se plantará debe ser suficiente para que se expandan las raíces.
Se recomienda estacar el árbol con un garrote de entre 14 a 24 cm de profundidad, en el suelo intacto, a una distancia prudente del árbol. Se debe estacar el árbol tan pronto como sea posible, después de plantarlo. Una propiedad atractiva del árbol de durazno es que es autofértil, por lo que puede generar frutos, aunque se encuentre solo, sin más individuos alrededor.
El árbol de durazno crece de manera adecuada en distintos tipos de suelos, aunque prefiere mangas arenosas o con grava, para tener buen drenaje. En estos suelos, dichas plantas responden bien a los fertilizantes y abonos ricos en nitrógeno. Estos garantizan un buen crecimiento.
El primer fertilizante se agrega alrededor de la 6ta semana posterior a la siembra. Se emplean fertilizantes balanceados, con porciones iguales de nitrógeno, fósforo y potasio. El abono se agrega en círculo alrededor del árbol, manteniendo una distancia del tronco de 45 cm. Esto permite que las raíces se extiendan hacia afuera, gracias a la estimulación de los nutrientes.
Luego de dos años de sembrado el árbol, se agregan unos 340 g de fertilizante nitrogenado en primavera y en verano. Después del tercer año, se agrega solo 450 g una vez al año en los árboles maduros, preferiblemente durante la primavera.
Entre las enfermedades y plagas más comunes del árbol de durazno se encuentran: