
Imagen – Flickr/salchuiwt
Los cactus colgantes como el de la especie Rhipsalis cereuscula son una maravilla, porque quedan igual de bien en los balcones como en macetas puestas encima de mesas altas y estrechas. Además, también se pueden tener como plantas tapizantes en la rocalla del jardín, o incluso en una jardinera grande con otras suculentas controlando eso sí su crecimiento.
Imagen – Wikimedia/Eisjen Schaaf
Se trata de un cactus colgante conocido popularmente como cactus coral y cuyo nombre científico es Rhipsalis cereuscula. Es una planta perenne, es decir, que vive varios años, endémica de Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. Desarrolla tallos cilíndricos de hábito epífito; esto es, que crecen apoyándose en otras plantas u objetos pero sin parasitarlos, simplemente sirviéndose de ellos como apoyo. Alcanza una longitud de unos 50 centímetros, y florece produciendo flores blancas reunidas en racimos.
Si te animas a tener un cactus coral en tu hogar o jardín, te recomendamos proporcionarle los siguientes cuidados:
Esta es una planta que quiere luz, pero no sol directo. Hay que pensar que vive en las selvas, en las ramas de árboles altos. En esas zonas apenas llega luz de forma directa, por lo que nunca hay que exponerla al astro rey de manera directa ya que de lo contrario se quemaría.
Pero, precisamente por eso, es un cactus interesante para tener dentro de casa, eso sí, en una habitación en la que haya mucha claridad.

Imagen- Wikimedia/salchuiwt
Tan importante como regar bien es abonar. Para que el cactus coral pueda crecer correctamente, con salud y vigor, agradecerá que se le abone desde comienzos de primavera hasta finales del verano con un abono específico para cactus (en venta aquí), ya sea líquido o granulado. Eso sí, es necesario que se sigan al pie de la letra las indicaciones, puesto que de lo contrario podría haber riesgo de sobredosis, y si eso ocurriese, las raíces se quemarían y sería difícil recuperarlo.
El Rhipsalis cereuscula se multiplica por semillas y esquejes en primavera-verano. Sepamos cómo hacerlo paso a paso:
Las semillas se han de sembrar en macetas más anchas que altas, o en bandejas de corcho con algunos agujeritos en la base, rellenadas con vermiculita previamente humedecida con agua. Hay que intentar que queden un poco separadas entre sí.
Por último, se cubren con una fina capa de vermiculita, y se mantiene el semillero cerca de una fuente de calor para que germinen en unos 7-15 días.
Es la manera más fácil y rápida de conseguir nuevos ejemplares. Para ello, has de cortar un trozo, y dejar que la herida se seque unos 7 días en un lugar seco y protegido del sol. Luego, plántalo (no lo claves) en una maceta de unos 6,5cm de diámetro -con agujeros en su base- rellenada de pómice.
Para acabar, solo te quedará regar y colocar la maceta cerca de una fuente de calor.
En primavera, cuando la temperatura mínima sea de 18ºC o más.
El Rhipsalis cereuscula es bastante resistente en general, pero hay que mantenerlo protegido de los caracoles y babosas.
No resiste el frío ni las heladas.

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