
Si quieres disfrutar de calabazas frescas en verano, es el momento perfecto para sembrarlas. Cultivar calabazas es sorprendentemente sencillo y esta hortaliza repleta de nutrientes transformará tu huerto en poco tiempo. Te mostramos todos los pasos para lograrlo con éxito.

La calabaza es una hortaliza rica en vitaminas A, B, C y D, además de minerales como potasio, calcio e hierro. Estos nutrientes mejoran tu visión, favorecen la cicatrización y cuidan la salud de la próstata.
Su alto contenido en agua la convierte en un alimento diurético y depurativo ideal para limpiar tu organismo. Además, con muy pocas grasas y un efecto laxante natural, previene el estreñimiento y no engorda.
En la cocina, la calabaza es versátil y deliciosa. Países como México, Chile, Estados Unidos, España e Italia la utilizan en multitud de platos tradicionales. Sus semillas se emplean para extraer aceite, y ornamentalmente brilla en fiestas como Halloween con variedades gigantes.

Consigue semillas seleccionando las del centro del fruto de calabazas anteriores o compra variedades certificadas. Antes de sembrar, deja las semillas en remojo durante un día para activar su germinación.
Para esta época, elige calabazas de verano con piel fina que crecen en dos meses, o calabacines si prefieres variedades más rápidas.
La calabaza no es exigente con el terreno y crece sin problemas en suelos no tratados. Prefiere un pH cercano a 6 y suelos sueltos y bien drenados.
Puedes sembrarla directamente en tu huerto en un lugar soleado o usar tierra para cultivo en maceta. Evita utilizar compost puro, ya que puede retener demasiada humedad.
Este es el punto clave: la calabaza requiere mucho espacio porque es una planta rastrera. En el huerto, necesitarás al menos dos metros entre plantas según la variedad.
Si cultivas en maceta, solo funcionan las variedades enanas en recipientes de mínimo 50 cm de diámetro. Estos espacios reducidos limitan el crecimiento pero son opciones viables.

La calabaza no tolera el frío, por eso mayo y junio son los meses perfectos cuando llega el calor. Desde finales de mayo hasta mediados de verano puedes iniciar el cultivo.
Ajusta según tu zona: en ciudades frías retrasa un poco, en ciudades cálidas adelanta la siembra. Los primeros frutos aparecen en tres meses, así que si siembras ahora, cosecharás antes de que el verano acabe.
La calabaza necesita un lugar cálido con luz abundante durante todo el día. La exposición directa al sol es imprescindible para un buen crecimiento y fructificación.
Evita lugares sombreados o con corrientes de aire frío. Si cultivas en maceta, colócala en una ventana soleada orientada al sur.



El riego es fundamental durante todo el ciclo. Los primeros 20 días, riega cada tres días para establecer un buen desarrollo radicular.
Mantén el suelo húmedo pero no encharcado. Un detalle importante: suspende el riego una semana antes de la cosecha para concentrar sabores y mejorar la conservación.
La calabaza prospera con temperaturas entre 15°C y 25°C. Necesita más de 20°C para crecer activamente, así que planta cuando pase el riesgo de heladas.
Asegúrate de que recibe luz solar directa varias horas al día. Una buena luminosidad acelera el crecimiento y mejora la calidad del fruto final.
Necesita bastante espacio para extender sus ramas y una buena circulación de aire que prevenga enfermedades fúngicas. No la aglomeres con otras plantas.
Si es necesario, retira hojas viejas o dañadas para mejorar la ventilación alrededor de los frutos en desarrollo.