
La mayoría de las plantas preferirán un pH comprendido entre estos dos extremos y será muy raro encontrar alguna vez un suelo con un pH por encima de 8,5 o por debajo de 4,5. Los ejemplares que se cultiven en un jardín han de tener unas características adecuadas al pH de la tierra en la que van a desarrollarse.

Reducir el pH del terreno para hacerlo más ácido resultará más difícil. En primer lugar, hay que sustituir la turba por otra materia orgánica para enriquecerlo. Una vez enriquecido, se debe aplicar azufre, teniendo en cuenta que la proporción variará de un suelo arenoso (100 gr. por cada 0,8 m²) a un suelo arcilloso (225 gr. por cada 0,8 m²). Es preciso que se compruebe mensualmente el nivel del pH.

Algas: se introducen directamente en el suelo húmedo , si está parcialmente debilitado o poco nutrido. Contienen, sobre todo, potasio y se adquieren en cualquier comercio, incluso en herbolarios.
Compost de setas: normalmente, el compost de setas se emplea para nutrir tierras con carencias orgánicas. Sin embargo, en el caso de que los vegetales que se cultiven rechacen la cal, es preferible usar otro tipo de fertilizante. Lo venden los cultivadores de setas y, normalmente, contienen abono animal, marga y creta.
Compost de lombrices: es uno de los nutrientes más comunes. Se aplica una pequeña capa del mismo sobre la tierra a fertilizar y las plantas crecerán vigorosas y sanas. Se puede encontrar en un centro especializado o en cualquier vivero.
Compost para jardín: está compuesto por una gran variedad de desperdicios de jardín y de cocina que se hayan quedado pudriendo durante meses, es uno de los mejores acondicionadores y nutrientes del suelo.

Cómo aplicar el fertilizante
Hay que introducirlo antes de sembrar o plantar, o encima del suelo mientras las plantas crecen. Es conveniente una base al suelo unos días antes de sembrar. Si es demasiado tarde y se va a plantar ya, hay que aplicarlo dentro de los centímetros superiores.
También existen productos en forma de líquido o polvo soluble; hay que disolverlos en el agua del riego o pulverizarlos sobre el follaje. Por último, si se busca un abono que actúe con rapidez, conviene adquirir los abonos foliares, que deben aplicarse con el suelo húmedo y sin sol.