
Mis cultivos de este último verano se han caracterizado por estar invadidos por orugas y mariposas.
Las plantas más afectadas por las orugas fueron las coles aunque también los tomates y, en menor medida, los pimientos, berenjenas y judías.
Las mariposas diurnas y polillas nocturnas se convierten en una pesadilla para el hortelano y jardinero cuando se hallan en la etapa de orugas. En ese periodo de su ciclo de desarrollo son grandes devoradoras de hojas que pueden causar la defoliación entera de una planta en pocos días. Los frutos, aún verdes, se ven afectados por los agujeros y cavernas que producen.
En este artículo, voy a contar lo que he aprendido sobre orugas y mariposas. Siguiendo estos apuntes espero estar atenta la próxima vez y al mínimo indicio poder controlar la situación de la forma más natural y ecológica posible.

Mi huerto castigado por dos tipos de orugas

Control de orugas y mariposas

La oruga: ¿una plaga o un futuro polinizador?
Si la cantidad de orugas no es preocupante, permíteles vivir, que puedan completar su ciclo y convertirse en bellas mariposas.
Ellas no sólo deleitarán nuestros sentidos sino que son indicadores ambientales para saber la salud de nuestro ecosistema. También actúan como polinizadores de nuestras flores y cultivos convirtiéndose, en definitiva, en aliados de nuestro huerto.
“Como pretender ver mariposas en mi huerto o jardín si no le doy la oportunidad a las orugas en mis plantas”
Esta es una excelente reflexión que aporta mi amigo virtual Gregorio Ramírez quien posee una colección fotográfica que ilustra su experiencia con orugas y mariposas en su propio jardín. Este album fotográfico es una forma de documentar cómo las observa crecer y producir su metamorfosis desde oruga a mariposa.
Si te apasionan las mariposas te recomiendo una interesante guía para aprender a identificarlas con imágenes en: mariposas.online y aprender más sobre su origen, anatomía, hábitos, dieta, etc.

Mi experiencia y decisión
Este pasado verano apliqué 3 veces sobre las tomateras Bacillus Thurigiensis, a razón de 1 vez por semana. Tomé esa decisión porque encontré orugas a mediados de julio, al inicio de la etapa de cosecha de tomates. Por lo tanto, entendía que peligraba mi cosecha completa. Sin embargo, cuando correspondía realizar la cuarta aplicación decidí no continuar con el tratamiento porque las cosechas eran cuantiosas y el daño mínimo.

Conclusión
En definitiva, se trata de encontrar un equilibrio. Si la plaga de orugas no es importante y continúas cosechando unos ricos tomates no hace falta intervenir.
Distinto es si te dedicas comercialmente al cultivo y venta de hortalizas. En ese caso tienes que valorar los daños y lo que arriesgas.
Está en ti valorar lo que produces y lo que pierdes.
¿Te compensa quitar una oruga y privarte de la belleza de una mariposa mientras pierdes un apreciado polinizador para tus cultivos?

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