Si te has pasado por cualquier tienda de plantas en los últimos años, seguro que has visto esas rosetas carnudas y perfectas que parecen salidas de un cuadro. Son las favoritas de quien quiere tener plantas sin obsesionarse con el riego diario, y la verdad es que son adictivas: una vez tienes una en casa, quieres tener diez más.
La razón es sencilla: no exigen casi nada. Luz natural, un riego ocasional y sustrato bien drenado. Eso es todo. Si eres de esas personas que piensa que no tienen mano para las plantas, aquí encontrarás tu salvación. Y si ya eres una plantlover, estas suculentas te ofrecen infinitas variedades para experimentar y coleccionar sin culpa.
Vamos a recorrer las variedades más bonitas y prácticas, desde las clásicas que cualquiera puede cuidar hasta las raras que van a hacer que tus amigas te pidan los datos. También te contaremos los secretos para que no se te pudran las raíces y cómo reproducirlas sin esfuerzo.
Todo lo que necesitas saber sobre riego, luz y sustrato para que tu planta prospere. Además, te sorprenderá lo fácil que es multiplicarlas usando solo una hoja.

Un repaso detallado por las condiciones ideales en interior, desde la temperatura hasta cuándo es el mejor momento para trasplantarlas.

Descubre por qué esta variedad es la favorita de los principiantes: es casi imposible matarla y además es preciosa.

Si buscas algo que no requiera ni un mínimo esfuerzo, esta es tu planta. Crece sola y produce hijuelos constantemente.

Aquí verás cómo cultivar una de las variedades más fotogénicas, con sus hojas casi negras que contrastan perfectamente en cualquier composición.

Sus bordes rizados la hacen única. Te contamos cómo mantener esa forma ondulada sin que se deforme.

Aprende a cultivar esta variedad con sus características marcas rojas en las hojas, un auténtico cuadro vivo.

Una miniatura perfecta para estanterías y composiciones pequeñas, aunque requiere un poco más de atención que sus hermanas.

Ya ves que tengas experiencia o no con las plantas, hay una variedad que se adapta a ti. Lo mejor es que empuces con una de las resistentes, disfrutes viéndola crecer, y luego ya te animes con las que requieren un poco más de cuidado. Antes de que te des cuenta, tendrás toda una colección que te robará horas de contemplación. Sin remordimientos por negligencia.