
Tanto el brócoli como cualquier otra hortaliza y verdura son una parte fundamental en toda dieta equilibrada. Aunque podemos adquirirlas en el mercado, nuestros platos nos resultarán aún más exquisitos y satisfactorios si las hemos cultivado nosotros mismos.
El brócoli es de origen italiano y ya incluida en la gastronomía de los romanos, se extendió al recetario de todo el Mediterráneo. Es una buena opción para cultivar en el huerto y, cómo no, para elaborar deliciosas recetas repletas de todo el colorido de los productos más naturales.

Escogeremos una ubicación soleada y un terreno compacto, rico en nutrientes y más bien ácido. La temperatura más apropiada para su crecimiento es de unos 20 ºC y la humedad es necesaria especialmente en el momento en que la inflorescencia comienza su desarrollo.


En cuanto a sus necesidades nutricionales, normalmente es necesario añadir fertilizante rico en nitrógeno. En ocasiones también puede necesitar un aporte extra de potasio y magnesio. La recolección tiene lugar a finales del verano y comienzos del otoño; sabremos que el brócoli ha madurado cuando la inflorescencia, o parte comestible, es totalmente compacta. Realizaremos un corte por el tallo y retiraremos la hortaliza sin hojas. Se mantiene en perfectas condiciones en un lugar fresco un par de días, aunque siempre existe la posibilidad de introducirlo en el congelador para una conservación más amplia.


Entre las enfermedades más comunes encontramos el mildíu, que puede aparecer por la humedad del ambiente y produce manchas amarillas, la hernia de la col, que afecta a las raíces de la planta y provoca su muerte, y la roya, que causa pústulas en las hojas y que combatiremos por medio de fungicidas, al igual que el mildíu.
Imágenes: Sxc.hu
Fuentes de información: Urbanext.uiuc.edu; Samconet.com; Abcagro.com