
Los meses de calor ponen a prueba la resistencia de las plantas de la terraza o balcón. Las altas temperaturas y el ambiente asfixiante de la ciudad causarán bajas entre ellas, aunque curiosamente, en la mayoría de los casos se deberá a un exceso de humedad, que es mucho más perjudicial para las plantas que la sed, ya que empobrece la tierra, provoca enfermedades y acaba por marchitarlas. Por eso, debemos acabar con la idea de que cuanto más agua reciban nuestras plantas, mejor se conservarán.
Existen muchas plantas y muy diferentes especies, cada una de ellas requiere unos cuidados específicos que debemos tener en cuenta en lo referente a su mantenimiento. Así, unas necesitarán mayores dosis de agua y luz que otras y, por tanto, una ubicación diferente, ya sea en macetas o en el mismo suelo. Saber distinguir entre las necesidades requeridas por cada tipo es un factor esencial que hará que nuestro jardín se desarrolle satisfactoriamente.

El agua que eliminan los tiestos arrastra buena parte de los nutrientes que la planta necesita para vivir, por ello no es conveniente desperdiciarla, pues en esta época del año empleamos más de la habitual en el riego y por tanto, el derroche es mayor. Una buena opción consiste en colocar platos o cuencos debajo de los tiestos para recogerla y regar con ella el resto de plantas, así aprovecharemos un recurso que en esta época suele escasear. Una excesiva humedad de las plantas pueden acabar quemándolas en horas de pleno sol, por lo que conviene regar a primera o a última hora del día.

Pero si este truco no termina de convencernos, podemos optar por adquirir algún sistema de riego automático, provistos de unos programadores que establecen los intervalos de tiempo y la frecuencia del riego. Si por alguna causa no nos es posible hacernos con uno de éstos, siempre podremos recurrir a la tradicional solución de encomendarle las tareas de jardinería a algún vecino o familiar.

En los primeros días de sol es mejor añadir el agua al plato de las macetas, para que las raíces la absorban y no se dañen los brotes. Aun en los días de sol, la tierra de las plantas puede mantener buenos niveles de humedad en su interior, que se debe verificar introduciendo un palo y comprobando que sale empapado. Esta tarea es imprescindible para evitar que la planta se ahogue, pues tendemos a pensar que nunca está lo suficientemente surtida de agua.
Si tenemos en cuenta todos estos cuidados, nuestra ausencia vacacional no supondrá ningún inconveniente para que nuestro jardín esté bien cuidado, y a la vuelta nos lo encontraremos tal y como lo dejamos.