Las dalias no suelen ser tan conocidas como otras flores aparentemente más espectaculares, estas plantas pueden suponer un maravilloso complemento para cualquier jardín, dependiendo de dónde y con qué otras plantas crezca.
Y con una elección entre 16 categorías diferentes las dalias poseen casi todos los colores (excepto azul) y diversas alturas y tamaños de las flores, siempre es posible encontrar una solución ornamental para el gusto de cada uno.

(Imagen/ Flickr: carriejeberhardt)
Las dalias florecen en abundancia desde mediados del verano hasta el periodo de heladas; les gusta el sol, y un suelo fértil y permeable.
En climas más cálidos, se pueden plantar al final del verano, de manera que florezcan en el invierno. Esto sólo es viable en regiones donde no hiela.
Con ayuda de los siguientes consejos, podrás disfrutar aún más de estas espectaculares flores.

(Imagen/ Flickr: Muffet)
Cuando la dalia empieza a elevarse por encima del suelo, tiene generalmente varios brotes. Si los aclaras, cortándolos o rompiéndolos, los que quedan ofrecerán unas flores aún más bonitas.
Si la planta tiene tres o cuatro pares de hojas, se pueden pinzar los ápices de crecimiento de los tallos principales, para hacer que el ejemplar crezca de una manera más frondosa.

(Imagen/ Flickr: yasa_)

(Imagen/ Flickr: dietmut)
Es recomendable suministrar abono ya durante la plantación, y alguna vez más en verano. La planta necesita muchos alimentos para poder producir esa maravillosa ofrenda floral.
Las dalias que superan los 80 cm. de altura necesitan un aporte adicional.

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(Imagen/ Flickr: yasa_)
Bichos indeseables como babosas, tijeretas y pulgones pueden quitarse a mano.

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El mildíu se evita procurando que haya suficiente ventilación. Si, a pesar de todo, la planta contrae la enfermedad, hay que quitar las hojas infectadas y aniquilarlas para evitar que el mildíu se extienda.

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Si deseas usar las dalias como flor cortada, mete los tallos en agua hirviendo durante algunos segundos o socárralos encima de una llama. Así las flores se mantendrán frescas durante más tiempo.

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En el otoño, cuando la floración haya terminado, se recomienda sacar los tubérculos del suelo y dejar que se sequen durante algunas horas.
Después se cubren de serrín o arena seca, y se guardan en cajas en un lugar fresco y libre de heladas.