
Podríamos decir, que el brezo es la mejor opción cuando no se quiere renunciar a las plantas durante los meses más fríos y no apetece estar plantando, protegiendo y podando.

Consigue un recipiente de gran tamaño y haz un agujero en el fondo. Cubre el agujero con un trozo de ladrillo y añade una capa de 5 cm. de arcilla expandida que conserva la humedad, para asegurar un drenaje perfecto.
Rellena dos tercios del recipiente con tierra especial para ericáceas, que es la base ideal para cultivar las plantas que no toleran los suelos calizos, como es el caso de los brezos.

Apisona ligeramente la tierra. Empezando por el centro del recipiente, cava un agujero en la tierra y planta uno de los brezos.
Apisona la tierra alrededor del sistema de raíces, para que la planta se mantenga perfectamente erguida.
Planta el resto de los brezos en espiral, a partir del centro.
Deja entre cada planta un espacio de unos 12,5 cm, para que se extiendan al crecer y lleguen a formar una masa compacta de brillantes colores.

En primer lugar debes retirar la planta del macetero. Hay una forma de que las raíces salgan con facilidad: introduce la maceta en un cubo con agua, así se ablandarán.


- Hay que regarlo poco, y tan solo en días sin heladas, siempre con agua blanda, es decir, sin cal. Debe estar constantemente húmedo, sobre todo durante el período de crecimiento.
- Todas las especies se desarrollan mejor en suelos no calcáreos y ricos en humus, siempre que se mantengan húmedos.

(Imagen/ Flickr: foxypar4)
- Es muy resistente en el exterior. Necesita temperaturas frescas durante la época invernal para sobrevivir.
- Es conveniente añadir abono orgánico a principios de primavera, a comienzos y a finales del verano.
- Este arbusto puede verse afectado por micosis o enfermedades producidas por hongos, provocadas por exceso de humedad.