

El ciruelo ofrece estampas únicas en el paisaje de los jardines. En otoño las hojas, medianas y aserradas, se tornan de colores cobrizos y rojos, mientras que en marzo, cuando despierta la primavera, las pequeñas flores, que salen antes que las hojas, llenan los huertos de profusos tonos blancos y rosados.
Su corteza es de color oscuro y lisa. El fruto llega en verano, con dos variedades, generalmente amarillas y rojas.
Las ciruelas son conocidas por su alto contenido en vitaminas, minerales y fibra, lo que las convierte en excelentes reguladores del tránsito intestinal.
Estas frutas se pueden degustar frescas o secas, aunque también se utilizan para elaborar mermeladas y jarabes medicinales.

(Imagen/ Flickr: Garuna bor-bor)
El hecho de que permita podas, le hace un árbol idóneo para utilizarlo como seto.
En jardinería ornamental se utilizan variedades como la pisardii o la nigra, siempre como arbusto o como pequeños árboles.
No requiere importantes cuidados y resiste a las inclemencias meteorológicas.
Es conveniente un riego moderado, pero constante, que impida que el suelo pierda humedad.

(Imagen/ Flickr: iivangm)
Para empezar, el ciruelo puede mostrarse sensible a los excesos de la salinidad del agua.
Los abonos de índice salino bajo y libres de cloro permiten acabar con este problema, que puede reducir las cosechas en un 50%.
Cuando las hojas se vuelven amarillas y se obtienen pocas ciruelas, es probable que nuestro ejemplar padezca una falta de nitrógeno; pero a veces sucede que el nitrógeno sea demasiado elevado frente a otro nutriente fundamental, el fósforo, lo que provoca también un desarrollo pobre de la vegetación y de la fruta.
Para evitarlo, utilizaremos abonos inhibidores de la nitrificación.
La calidad de la ciruela y la resistencia del árbol dependen de un aporte adecuado de potasio, mientras que el magnesio le permite al árbol obtener hojas y ramas vistosas y sanas.
- Te contamos cómo incluir frutales en el jardín en este reportaje.