
Es una de las frutas de mayor tamaño. Su peso comprende desde los 800 gramos hasta los 4 kilos y el color depende de cada tipo: su corteza puede ser verde, anaranjada, amarilla o blanca; la pulpa va desde tonos blancos hasta verdosos, pasando por el crema, amarillo y naranja; y por último, las semillas que albergan en su interior son de color crema y están envueltas en una masa gelatinosa.
Pero lo más característico de esta fruta es sin duda su sabor, que en la etapa de madurez endulza y refresca nuestro paladar.


Existen muchas variedades de este fruto, pero los seis tipos más comunes son:
- el melón amarillo, que puede ser amarillo canario o amarillo oro;
- los melones verdes españoles, de los que existen tres tipos: el Piel de sapo, Rochet y Tendral; los Cataloup, con frutos precoces, esféricos y ligeramente aplastados; el Honeydew, con cáscara verde-amarilla y pulpa naranja;
- los melones Galia, frutos esféricos de color verde que se vuelven amarillos en la madurez;
- y los melones de larga conservación, con tres ventajas fundamentales: alto contenido en azúcar, mayor tiempo de conservación y una óptima calidad de pulpa.


Existen dos procedimientos de cultivo, la siembra directa y el trasplante, que se llevan a cabo dependiendo de la época de cultivo.
En el primer método las semillas se colocan mediante pequeños golpes, y se cubren con uno o dos centímetros de arena, turba o humus de lombriz.
En el segundo, inicialmente se realiza la siembra en el semillero, y a las seis o siete semanas, cuando la primera hoja esté totalmente desarrollada, se procede al trasplante.
El fruto no debe cosecharse hasta que la madurez esté asegurada.


En cuanto a la madurez, existen tres grados:
- fisiológicamente e inmadura para el consumo, que tiene lugar cuando el fruto carece de aroma y presenta un color blanco con tintes verdosos y piel vellosa;
- fisiológicamente y en proceso de maduración, cuando advertimos un ligero aroma y todavía no cede con la presión manual;
- y la madurez para consumirlo, cuando observamos tintes amarillos, el aroma es notable y el fruto ya cede cuando ejercemos fuerza sobre él.

inalmente, para conservar una calidad óptima es necesario un rápido enfriamiento inmediatamente tras la cosecha.
Si llevamos a cabo el cultivo controlando la temperatura, el clima, la humedad, la luz y el suelo, seguimos las pautas de mantenimiento señaladas y controlamos adecuadamente el grado de maduración, lograremos unos fantásticos frutos listos para endulzar nuestro paladar.
- Conoces a la Momordica charantia o melón amargo, ¿no?, y a qué esperas ;).