
El hibisco es una planta ornamental espectacular que forma parte de la familia Malvaceae y destaca por sus flores grandes y coloridas. Se trata de un arbusto perenne originario de China que puede alcanzar hasta tres metros de altura en jardín o aproximadamente un metro si lo cultivas en maceta.

El hibisco presenta hojas ovaladas de color verde oscuro con un brillo muy característico. Sus flores son lo más llamativo: tienen pétalos de gran tamaño, un estambre muy prominente y vienen en una variedad amplia de colores que van desde el rojo, rosa, naranja, amarillo y blanco.

El hibisco necesita un lugar bien iluminado con algo de sol a primera hora de la mañana. Es una planta tropical y templada que no soporta las heladas, así que en invierno conviene protegerla o trasladarla al interior del hogar.
El riego debe ser regular para mantener la tierra siempre húmeda, pero sin encharcar. En épocas de temperaturas altas, pulveriza las hojas con agua para aumentar la humedad ambiental.
Abonaabona desde primavera hasta finales de agosto cada dos semanas con un fertilizante líquido. El hibisco crece perfectamente en suelos fértiles, húmedos, bien drenados y ricos en materia orgánica.
Realiza una buena poda a comienzos de la primavera para estimular la floración. En ejemplares adultos, limítate a recortar los tallos estropeados y los que sobresalen para mantener una forma compacta y atractiva.

Tienes varias opciones para reproducir el hibisco:
En climas continentales la floración se produce en verano, mientras que en climas tropicales y subtropicales las flores aparecen durante todo el año. Cada flor dura sólo un día, pero la planta produce constantemente nuevos capullos durante la época de floración.

Los insectos que más afectan al hibisco son los pulgones, las cochinillas, la araña roja, la mosca blanca y la abeja aserradora de hojas. Revisa regularmente el envés de las hojas para detectarlas a tiempo.
Las enfermedades más habituales incluyen manchas foliares, moho gris y roya. Mejora la circulación de aire alrededor de la planta y evita el riego por aspersión para prevenirlas.

Puedes cultivar el hibisco tanto en el jardín como en maceta dentro de casa. En invierno es especialmente útil como planta de interior en zonas con climas fríos, ya que no resiste las heladas.













El hibisco es completamente comestible y puedes añadir sus pétalos a ensaladas para aportar color y sabor. Sus flores tienen un toque ligeramente ácido que realza cualquier plato.
El hibisco funciona como un tónico circulatorio natural. Se ha demostrado su capacidad para dilatar las arterias y favorecer la circulación sanguínea, mejorando así el flujo sanguíneo del organismo.
En países como Turquía e Irán es una tradición tomar infusión fría de flores de hibisco entre amigos. Esta bebida es refrescante y tiene propiedades antioxidantes.