
El tronco del limonero está muy ramificado, no es muy grueso y posee una tonalidad amarilla. Puede llegar a vivir 70 años y, durante este tiempo, alcanzar los 6 metros de altura. Sus ramas poseen unas espinas gruesas y duras que le sirven como sistema de defensa. Las tres guías principales surgen del tronco y se extienden en un ángulo de 120º. A partir de aquí, se forma la copa del árbol.

Las hojas son grandes y dentadas. Tienen unas medidas de entre 6 y 12 cm. de largo y de 3 a 6 cm. de ancho. Presentan un color rojizo cuando son jóvenes y un verde más brillante en su madurez. Son muy aromáticas.
Con las flores ocurre lo mismo: al nacer son rojas pero conforme crecen, sus cinco pétalos se vuelven blancos en la parte superior y púrpuras por debajo. Contienen unos 20 ó 40 estambres y su olor es intenso. Son conocidas como las "flores de azahar".
Su fruto es el limón. Tiene una forma ovalada y una cáscara gruesa y porosa. Amarillo y muy vistoso, su pulpa es ácida y viscosa y sus semillas pequeñas y puntiagudas. Contiene mucha vitamina C y actúa como desinfectante a la vez que aporta sales minerales y vitaminas. Existen varios tipos; el tipo de limonero determinará sus características.
Verna: Es un árbol de pocas espinas y de corteza rugosa. Florece en primavera y otoño. Su fruto es grande, con mucho zumo y tiene pocas semillas.
Eureka: Procede de California y se recolecta de octubre a febrero. Por lo demás, tanto el árbol como los limones son similares a los Verna.
Fino: Es una variedad española, vigoroso y de ramas muy espinadas. El limón es un poco más pequeño y la corteza es más fina y lisa. Tiene bastantes semillas y contiene mucho zumo.
Lisbon: Los frutos son grandes, ácidos y con mucho zumo, y el árbol, que procede de Portugal, es vigoroso y espinado.

Su multiplicación se lleva a cabo por semillas, aunque es muy habitual que se realice mediante injertos y en invierno. Ésta es la época que se aconseja porque es cuando el limonero descansa de la floración. La tierra que más se adecúa a sus necesidades es la semiligera, con pH neutro y rica en materia orgánica. Es fundamental que filtre bien el agua (permeable) así que es recomendable evitar a toda costa los terrenos arcillosos.

Riego: tiene que ser abundante y deberá coincidir con el abono. Se realizará durante todo el año, procurando que en verano sea a diario y en invierno, al menos unas dos o tres veces por semana. Evitaremos utilizar aguas salinas en épocas de sequías y nos ayudaremos de fertilizantes para mejorar la calidad de la irrigación. Existen cuatro tipos de riego: por inundación (apropiados para los terrenos reducidos), localizado, por aspersión (para zonas frías y parcelas amplias) y enterrado. Éste último disminuye la contaminación y mejora la eficiencia de los fertilizantes. A través del riego podemos controlar las floraciones y obtener una buena cosecha. Para ello, dejaremos de regar durante 45 días y, luego, lo retomaremos en abundancia.

Poda: se realizará cada primavera. No será excesiva, sobre todo durante los primeros años de crecimiento. Llevaremos a cabo tres tipos de poda: de floración, de limpieza y de rejuvenecimiento. Eliminaremos las ramas secas, las enfermas, débiles y las que se cruzan. Despejaremos el centro del árbol para que así nuestro limonero pueda captar la luz también por el interior.
Recolección: la realizaremos con las manos y la ayuda de unos alicates; evitaremos dar tirones. No es recomendable un ambiente húmedo durante la recolección, por lo que si hay niebla o aún conservan el rocío de la mañana, esperaremos a que desaparezcan para comenzar a trabajar. Los limones amarillos están más maduros que los verdes, así que los consumiremos primero; los segundos duran más tras la cosecha.
Imágenes: Herbolario Allium y Rafaparadela de Flickr.com, Wikipedia.org