
El madroño, conocido científicamente como Arbutus unedo de la familia de las ericáceas, es un arbolillo o arbusto perenne que añade belleza y colorido a cualquier jardín. Normalmente alcanza una altura de unos cinco metros, aunque puede llegar a los diez metros en condiciones óptimas.
Este árbol se desarrolla naturalmente por todo el Mediterráneo, especialmente en la Península Ibérica, donde crece en el litoral y en Andalucía, así como en diversas zonas del interior, excepto en aquellas con clima más frío. Aunque crece de forma espontánea en bosques, es una opción muy adecuada para tu jardín gracias a su follaje verde durante todo el año y sus espectaculares flores y frutos en otoño.

Este arbolillo presenta un crecimiento lento y un tronco con corteza escamada muy característica. Su madera, de densidad muy alta, se utiliza para trabajos de ebanistería porque resulta fácil de pulir.
Las hojas son alternas y tienen un aspecto parecido al laurel, con bordes serrados y tonalidades ligeramente rojizas.
Las flores crecen en otoño en pequeños ramilletes acampanados, con un color que oscila entre el blanco y el rosado. Su aparición en esta estación lo convierte en un elemento decorativo de gran valor.

Los frutos tienen una maduración muy lenta que tarda un año completo, haciendo su aparición también en otoño. No es extraño contemplarlos al mismo tiempo que las flores en el árbol, creando un efecto visual muy atractivo.
Esféricos y rugosos, estos frutos adquieren un tono rojizo a medida que se desarrollan. Comienzan a fermentar en el árbol, conteniendo una proporción de alcohol, lo que los hace comestibles y útiles para preparar aguardientes y jaleas.

La reproducción del madroño es bastante complicada, especialmente si lo intentas mediante semillas. Lo más adecuado es cultivarlo en otoño o primavera por medio de esquejes, aunque muchos de ellos pueden no desarrollarse.
Los trasplantes no los aguanta bien, por lo que es apropiado situarlos directamente en el terreno del jardín o en un recipiente grande si quieres mantenerlo en maceta.
Para el emplazamiento del madroño, debes escoger un lugar soleado y resguardado del viento, con un terreno rico en nutrientes que puede ser tanto ácido como calizo. Es importante que no exista riesgo de heladas, ya que el árbol no las soporta bien.
Una ventaja importante es que la contaminación no le afecta de forma significativa, lo que lo hace apto para jardines en zonas urbanas.

Aunque conviene regarlo después de plantarlo, a medida que crece necesita menor cantidad de agua. El madroño soporta bien períodos de sequía aunque prefiere suelos con cierta humedad.
La poda no es una tarea obligatoria en el madroño. Solo debes realizarla si deseas eliminar ramas que hayan crecido en posición inadecuada o que estén en mal estado. Es adecuado llevarla a cabo en primavera, cuando las heladas ya no son habituales.

Si se encuentra plantado en un macetero, es adecuado aplicar fertilizante líquido mensualmente. Descubre una nueva forma de aplicar fertilizante de manera más efectiva para potenciar el crecimiento de tu madroño.
Cuando es aún joven y se desarrolla en zonas frías, conviene proteger sus raíces con paja u hojas para evitar daños por el frío.
No hemos de preocuparnos por las plagas; los madroños las resisten con facilidad y son muy resistentes a enfermedades.