Así, la clorosis se produce con frecuencia en suelos de naturaleza calcárea y da lugar a un amarilleamiento de las hojas más jóvenes. Cuando la clorosis afecta a los cultivos o a árboles frutales se denomina férrica y es muy fácil encontrarla en los cultivos españoles, sobre todo en el valle del Ebro.

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El primero de ellos es la clorosis o amarilleamiento, que se produce por una falta en el desarrollo de la clorofila y puede presentarse de forma aislada o generalizada en toda la planta. Cuando se produce, las hojas cloróticas varían su color del verde al amarillo o casi blanco.

(Imagen: Wikimedia)
También existe otro tipo de clorosis, denominada intervenal, en la cual las venas de la hoja se mantiene verdes, mientras que el tejido intermedio de vuelve amarillo.
Por su parte, la necrosis consiste en la muerte del tejido, producida por el secamiento y decoloración de los órganos de la planta. Suele ser el resultado de un estado avanzado de clorosis y comienza por el ápice y el borde de las hojas viejas.
Asimismo, la planta puede padecer enanismo, es decir, una reducción de la tasa de crecimiento, asociada a síntomas nutricionales.
Por último, hay que hablar de la coloración anormal. Dependiendo del color que presente, se averiguará qué tipo de deficiencia nutricional padece la planta.

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La deficiencia de hierro es una fuente de numerosas pérdidas económicas para los agricultores del mediterráneo, por lo que en la actualidad se están llevando a cabo numerosas investigaciones con el fin de determinar qué capacidad poseen las plantas para resistir esa falta y cómo se podría suplir.
Asimismo, se están estudiando nuevas vías para el control de la clorosis férrica, con el fin de que ésta no sea devastadora para los cultivos, y se están seleccionando los que sean capaces de soportarla con mayor facilidad.

(Imagen/ Flickr: Scot Nelson)
El control de esta patología consiste, principalmente, en la selección de los vegetales dependiendo de las características del suelo en que se van a plantar, con el fin de que ambos sean compatibles. Asimismo, es posible emplear agua de lluvia en el riego de las más susceptibles de padecer clorosis, así como acidificar el suelo antes o después de plantar.