
La procesionaria es un tipo de plaga afecta sobre todo a los pinos, de los que son su principal defoliador, pero también pueden verse afectados los cedros y los abetos. Existen muchos métodos para acabar con ellas y no tienen que suponer un gran problema si no contamos con muchos ejemplares en nuestro jardín (es mucho más preocupante en grandes pinares). Antes de decidirnos por cualquiera de los métodos de control de la plaga tenemos que conocer cómo se reproducen y viven estos insectos.

La procesionaria en estado de mariposa los ejemplares femeninos pueden tener una envergadura entre los 36 y los 49 mm, llegando a los 39 mm. en los ejemplares machos. Las alas interiores son de color gris, con intensidades variables en el caso de los machos, y las exteriores de color blanco, con el borde grisáceo. El tórax lo tienen recubierto de pelos, también de color gris. El abdomen, cilíndrico, presenta en las hembras escamas doradas en los extremos y resulta algo más delgado en los machos. La longitud de una oruga puede llegar a alcanzar los 6 cm. con manchas oscuras en el dorso.

En un mes, entre septiembre y mediados de octubre, nacen las orugas que se agrupan en bolsones, su refugio para pasar el invierno. Empiezan a alimentarse en el mismo lugar en el que nacen y según van acabando con la comida se trasladan a otras zonas donde construyen nidos provisionales de seda. Durante el invierno, al atardecer, salen en busca del alimento formando las hileras tan características de este insecto. Cuando llega el frío de la noche regresan a los bolsones donde se resguardan. Al terminar la época invernal descienden una vez más en línea, esta vez hasta el suelo donde se entierran y se convierten en crisálidas dentro de un capullo.
Llegado el verano, las mariposas salen de la cápsula y, tras la cópula, volverán a poner los huevos en nuestros pinos.

Aunque, en un principio, las orugas sólo las localicemos en un árbol, pueden extenderse a otros tan rápido como se les agote el alimento, pudiendo contagiar a todos los ejemplares de los que dispongamos.
Además, por su efecto urticante, delimita la posibilidad de disfrutar de las zonas recreativas con pinos y provoca alergias en humanos y animales. No es necesario que toquemos una procesionaria para que nos dé reacción, pues éstas sueltan al aire los pelillos urticantes que las recubren en cuanto se sienten amenazadas. Estas alergias ocasionan irritación de piel, ojos y nariz en los humanos e inflamación de labios, boca y cabeza en los perros.

Existen en el mercado otros métodos entre los que elegir, teniendo siempre en cuenta el momento de actuación, el tamaño de la plaga y el impacto sobre el medio ambiente:
Destrucción de los bolsones:
Podemos acabar con ellos de manera manual. Cuando estén bien formados, entre mediados de noviembre y principios de diciembre, los retiraremos del árbol cortándolos para después quemarlos. Existen tijeras orugueras preparadas para ayudarnos en esta tarea y pueden resultar muy útiles ya que disponen de un brazo extensible para alcanzar los que están más alejados. Si el árbol tiene demasiada altura, y con esta herramienta tampoco alcanzamos, se pueden romper con una pistola de perdigones.
Eliminando su guarida, las orugas morirán cuando llegue el frío de las noches de invierno. Para que no les dé tiempo a rehacer el bolsón, es mejor que lo hagamos a última hora de la tarde, cuando han salido en busca de alimento.
Trampas de feromonas:

Pulverización de insecticidas químicos:
Se puede realizar a lo largo de todo el invierno, cuando las orugas aún jóvenes son más sensibles al producto. Mojando bien los bolsones con los productos químicos podremos acabar con los insectos, a la vez que eliminamos la posibilidad de urticaria, por lo que aparecen como la solución ideal para los jardines y zonas de ocio.
Inhibidores del crecimiento:
Están teniendo mucho éxito gracias a sus buenos resultados y a que son respetuosos con el medio ambiente. Estos productos trastornan algún proceso de desarrollo del animal evitando que termine el ciclo y se vuelvan a reproducir. Efectivos en la fase larvaria de la procesionaria, hay que utilizarlos poco después de que la hembra ponga los huevos.
Barreras naturales:
