Una de las plagas más difíciles de erradicar de nuestro huerto, sobre todo en cítricos, y en el jardín en ornamentales, es la cochinilla acanalada (Icerya purchasi). Una sola hembra es capaz de almacenar en su abdomen y luego poner más de cien huevos de los cuales nacerán las correspondientes larvas que, después de varias mudas se convertirán en adultos que continuarán el ciclo. El problema no es sólo que vivan absorbiendo la savia de la planta huésped, sino que, además, segregan una sustancia dulce, una melaza que es caldo de cultivo perfecto para hongos como la fumagina y otros. La consecuencia es el debilitamiento general de la planta y el fracaso de los frutos, amén de otras complicaciones.
En la foto, podéis ver una hembra de cochinilla acanalada, con larvas y preninfas y ninfas en diferentes estados de crecimiento, así como gotas de la melaza que segregan. En este caso se encuentra bajo una hoja de laurel.
Recubren su cuerpo con una sustancia cérea que las protege del exterior y, por supuesto, de la agresión de muchos productos utilizados para combatirlas.
Entre las cochinillas adultas y sus larvas, las mariquitas y las suyas propias, algunas ya pupando y a punto de eclosionar.
A su alrededor, restos a medio devorar de cochinilla acanalada y algunas larvas que han sobrevivido.
Inmediatamente de nacer, se ponen a la tarea, a comer cochinillas una tras otra.
De todas maneras, el trabajo de esta pequeña mariquita, por muy frenético que sea, necesita combinarse con otros métodos y tratamientos.
Nosotros utilizamos las pulverizaciones con neem cada quince días y pincelaciones con alcohol y jabón a las acumulaciones de cochinillas. Además, mantener bien abonados los árboles con compost y humus de lombriz les ayuda a soportar estos ataques.
De esta manera, combinamos el trabajo de nuestra amiga, la Rodolia cardinalis, con el nuestro. La lucha combinada, ésa es la clave.