La orina se ha usado para fertilizar plantas y árboles desde hace cientos de años. Es un recurso orgánico renovable con la combinación perfecta de nutrientes para el crecimiento de las plantas que también permite ahorrar agua y productos químicos cuando se mantienen fuera de la corriente de aguas residuales. La orina aporta las cantidades ideales de nitrógeno, fósforo y potasio: los tres nutrientes que todas las plantas necesitan para crecer.