
¿Amante de los árboles y arbustos suculentos? Lo cierto es que, lamentablemente, pese a existir muchas especies solo se comercializan unas pocas; de estas, los Pachypodium son sin duda los más populares. Y motivos no faltan.
Sus magníficas flores desprenden un aroma muy agradable, y su mantenimiento no es demasiado complicado si tenemos siempre presente que no hay que regarlos mucho.
Se trata de un género formado por una treintena de especies, distribuidas por Namibia, Angola y Madagascar. Pueden crecer entre los 2 y los 12 metros de altura, desarrollando un tronco a menudo espinoso y delgado, que con el tiempo se puede volver blanquecino, sobretodo en los que son arbóreos, como el P. lamerei o el P. geayii.
Las hojas son lanceoladas, más o menos anchas dependiendo de la especie, de color verde o azulado, y sus flores se agrupan en inflorescencias rojas o blancas.
Las más conocidas son:

Imagen – Wikimedia/Krzysztof Ziarnek, Kenraiz

Imagen – Flickr/Joel Abroad

Es un arbusto pequeño endémico del sur de África, en concreto de las montañas de Lebombo, KwaZulu-Natal, Mpumalanga y Eswatini. Las hojas son verdes, y las flores blancas.
Si quieres tener algún ejemplar, te recomendamos proporcionarle los siguientes cuidados:
Los Pachypodium, o paquipodiums como a veces se les llama, son plantas amantes del sol. Lo necesitan recibir durante todo el día, de forma directa. Pero ojo: si son adquisiciones de vivero hay que acostumbrarlos poco a poco y de manera gradual al astro rey, pues de lo contrario se quemarán enseguida.
El riego ha de ser muy escaso: solo hay que regar cada vez que la tierra o el sustrato se seque por completo. Hay que dirigir el agua cerca del tronco, y echar hasta que se humedezca bien toda la tierra/sustrato.
En el caso de que lo tengas en maceta, no le pongas un plato debajo ni lo coloques dentro de un macetero sin agujeros, ya que de lo contrario las raíces se pudrirían.
Es interesante abonarlo en primavera y verano con un fertilizante para cactus y suculentas, siguiendo las indicaciones especificadas en el envase del producto.

Imagen – Wikimedia/H.Zell
Las semillas es aconsejable sembrarlas en bandejas anchas pero con poca altura, con sustratos como la vermiculita la cual mantiene bastante la humedad y, al mismo tiempo, garantiza un drenaje rápido.
El semillero se ha de colocar cerca de una fuente de calor y en un lugar luminoso, ya sea en el exterior o dentro de casa con una bombilla especial para plantas. Si todo va bien, verás que empezarán a germinar a los 10-15 días.
Es un método más difícil, pero no por ello imposible. Se hace en primavera o después de verano si el clima es cálido, cortando una rama y dejando secar la herida unos diez días.
Después, se impregna la base con hormonas de enraizamiento, y planta en una maceta con, por ejemplo, vermiculita o pómice. Manteniendo el sustrato húmedo, pero no encharcado, si todo va bien emitirá raíces en unos veinte días.
Son bastante resistentes en general. Pero las cochinillas algodonosas y los caracoles pueden llegar a ser terribles, sobretodo estos últimos. Por fortuna, se puede tratar con tierra de diatomeas o jabón potásico, incluso si la planta es joven con un pincel empapado en alcohol de farmacia se suele solucionar el problema.
Dependerá de la especie, pero el Pachypodium lamerei y el Pachypodium geayi por propia experiencia te diré que resisten heladas débiles y puntuales de hasta los -2ºC.
El Pachypodium namaquanum (el cual por cierto está en peligro de extinción) por el contrario es mucho más sensible al frío, tanto que si la temperatura baja de los 10ºC empieza a sufrir daños irreversibles.
Imagen – Flickr/Zruda