¿Cómo trasplantar una planta sin dañar las raíces?
El trasplante se hace mejor sin tocar las raíces innecesariamente: lo ideal es preservar el cepellón intacto y solo retirar el sustrato viejo en el nuevo recipiente. Si el cepellón está muy compactado, riégalo bien antes del trasplante o, mejor aún, sumérgelo la noche anterior en un cubo con agua para que se empape completamente; esto evita que se deshaga y protege las raíces.
Durante el trasplante, lo fundamental es que la planta no se mueva ni vibre, porque si se desplaza, las puntas de las raíces nuevas se machucan y dejan de crecer. Fija la planta de alguna manera mientras el nuevo sustrato se asienta: puedes usar tutores, cables con protección de plástico o piezas de corteza más grande para mantenerla firme. Una vez que hayas colocado la planta en la nueva maceta, rellena con sustrato nuevo y riega abundantemente hasta que salga agua por el drenaje para que el cepellón se compacte bien contra el nuevo medio.
Evita desmenuzar o desenredar las raíces a menos que sea necesario podas específica. A menos que hables de bonsáis u otras especies que requieren poda radical, lo normal es respetarlas al máximo: las raíces son frágiles y cualquier daño ralentiza el crecimiento y agota la planta.