
Antiguamente, las mujeres que estaban en el momento del parto pensaban que si agarraban con fuerza una rama de lavanda, el nacimiento del bebé sería el adecuado y éste saldría del vientre de su madre sano y lleno de vida.
Otro de sus usos más tradicionales era cuando sus hojas se metían en una bolsa que se colocaba debajo de la almohada y se decía que esto ayudaba a conciliar el sueño, sobre todo era un gran remedio para la gente que sufría de insomnio.


La poda de este arbusto se suele realizar cuando ha finalizado el proceso de floración, de forma que se sustraen las hojas y partes marchitas de la planta para evitar que ésta pueda sufrir algún tipo de plaga que la dañe.
Para que el crecimiento de la lavanda sea el correcto, se suele plantar en una maceta de gran tamaño para que su raíz pueda crecer sin obstáculos.


Es muy normal en los niños y en personas mayores que constantemente tengan heridas y cortes por caídas, la lavanda ayuda a desinfectar, disminuir el escozor y cicatrizar la misma para que no se vuelva abrir y pueda provocar una nueva infección.
El aceite de este arbusto mezclado con el de oliva, ayuda a relajar la zona del cuero cabelludo, activando la circulación sanguínea de esta zona tan delicada, por lo que puede ayudar a las personas que sufran alopecia.

Además, la lavanda tiene propiedades curativas que ayudan a asentar el estómago, eliminado cualquier tipo de dolor que se produzca en esta zona.
También es muy útil en caso de digestiones pesadas que se producen por falta de segregaciones.
Cuando realizamos viajes largos, muchas veces sentimos miedo y ansiedad a la hora de realizarlos, por lo que esta planta aromática es muy buena para disminuir los mareos y poder así disfrutar del viaje, sin estar incómodo.