
Aunque nos pudiera parecer igual, no es lo mismo un césped que una pradera. El césped es una mezcla de gramíneas de diferentes familias compuesta por una variedad de dos a cinco tipos de ellas. Mientras que la pradera es una mezcla de hierbas florales con una o a lo sumo, dos.
Si nos fijamos en la pradera, y observamos las praderas que de manera espontánea nacen en cada zona y región de la Península Ibérica, veremos que no existe una pradera sin hierbas florales en ninguna zona climática que escojamos dentro de nuestra variada climatología.

Así, la mayoría quieren que su jardín tenga un tapiz de una corta selección de gramíneas, cuanto más parecido al que luce un estadio de fútbol, mejor. Sin caer en la cuenta de que esa mezcla, especialmente creada para un campo deportivo, no se encuentra por ningún lado en la naturaleza, que los cuidados de mantenimiento que se dan en un campo deportivo son innumerables, así como sus riegos y siegas.
Se habla mucho de sostenibilidad, de xerojardinería, de plantas autóctonas, etc. Pero, a la hora de la verdad, ?quién nos proyecta y ejecuta un xerojardín??Dónde adquirimos esas plantas autóctonas, cuando no sabemos ni cuáles son y ningún vivero las comercializa? Nos encontramos en un círculo vicioso: los viveros culpan al cliente de no demandar planta autóctona, pero el cliente no solicita lo que no conoce y así sucesivamente.


Este color pardo, resulta siempre muy bello, puesto que lo natural es que una pradera, como todos los vegetales, tenga su ciclo de vida. ?Se imaginan un invierno a la misma temperatura que un verano? Pues bien, lo mismo ocurre en este aspecto.

La pradera consume diez veces menos de agua que un césped. Mientras que éste necesita 30 minutos de riego, distribuidos en dos veces al día; la pradera sólo necesita de 3 a 5 minutos una vez al día. La diferencia de consumo es tan grande como la estética, ya que las flores silvestres necesitan muy poco consumo de agua, menor frecuencia de corte, atraen las mariposas y facilitan la polinización de otras especies vegetales. Al sembrar una pradera estás ayudando a preservar ciertas especies que están siendo casi erradicadas de su hábitat natural por causa del desarrollo urbano.

La pradera constituye una manera ideal de contar en nuestro jardín con un manto verde, que, al contrario que el césped, está vivo y en constante evolución, siguiendo los ritmos naturales de los cambios de estaciones.
Datos de contacto: Por Juan Luís Ruiz de Dyezma, paisajista.