
Aunque el gato tiene fama de ser un animal independiente, también es cierto que necesita establecer relaciones con su entorno. En estos casos, la relación con los dueños equivale a las que establece con sus semejantes en el entorno natural. De esta forma, según una teoría compartida por muchos expertos, los mininos perciben al ser humano como un congénere más.


Uno de los factores relevantes de la sociabilidad del gato reside en el tiempo que pase con su madre: cuanto más se aproxime al periodo natural, mayor predisposición tendrá para mantener relaciones adecuadas con el hombre. Por el contrario, si el destete se produce a una edad prematura, el animal tiende a considerar al dueño como su propia madre y el comportamiento infantil tiende a alargarse y repetirse en su vida de adulto, con el desequilibrio y la falta de estabilidad que ello conlleva.


Los mordiscos en estos juegos empiezan alrededor de la cuarta semana, con enfrentamientos entre los 'hermanos' en los que se intercalan estos ataques y empujones que se interrumpen a la menor muestra de dolor por parte de cualquiera de los 'púgiles'. Gracias a estas peleas, el gato aprende para su vida de adulto cuando su mordedura empieza a causar dolor y la forma en que podrá jugar con sus dueños sin infringir ningún daño.
Cuando se produzca un mordisco, antes que pegar al animal, es conveniente, tras el daño infringido, emitir un pequeño chillido y pellizcar ligeramente la piel del animal hasta que emita el mismo sonido. De esta forma, se comprende el dolor causado y cesarán este tipo de ataques en los juegos.


Por estas mismas razones, es muy importante, cuando se adquiere un ejemplar, informarse de las condiciones y el hábitat en que ha sido criado y educado, además de percatarse de si tiene la costumbre de dejar que se le acerquen los seres humanos.
En consecuencia, no existen razones para que un gato muestre un comportamiento antisocial y agresivo. Si esto se produce es porque el animal ha sufrido alguna experiencia traumática que ha producido trastornos en su proceso de sociabilidad y gran parte de la responsabilidad de ello recae, en muchas ocasiones, en el propio dueño.