
Uno de estos componentes que debe estar más presente en los menús es la denominada fibra alimenticia o dietética. Se trata de un conjunto de sustancias que encontramos en los vegetales y que están constituidas por componentes no digeribles que el intestino no puede procesar. Existen principalmente dos tipos: la soluble (con efecto prebiótico) y la indisoluble (mayor efecto laxante). Las dos variedades se encuentran mezcladas en la mayoría de los alimentos.

Pero no sólo aporta este beneficio a nuestra salud. Además, produce mayor sensación de saciedad, por lo que no puede faltar en dietas de adelgazamiento. Mejora también los niveles de azúcar en sangre, sobre todo la fibra soluble, ya que se hace más lenta la absorción de hidratos de carbono. Por si fuera poco, facilita que determinadas grasas se eliminen y ayuda a una mayor proliferación de las bacterias beneficiosas del intestino, mejorando, así, las defensas del organismo.
La fibra como tal sólo se encuentra en alimentos de origen vegetal. La soluble predomina en las legumbres, frutas, verduras y algas; y la indisoluble en las legumbres, cereales integrales, verduras y hortalizas. Incluyendo en tu dieta tres piezas de fruta y dos de verdura al día, dos raciones de legumbres semanales, cereales (pan, arroz, pasta) y dos litros de agua (necesaria para que la fibra funcione), estarás tomando la necesaria.

No sólo es importante que nos digan que tenemos que ingerir fibra diariamente, sino que con estas nociones dadas, sabemos el por qué de esa importancia y, lo mejor, cómo podemos aumentar su presencia en nuestra dieta tomando los alimentos adecuados.