
El gladiolo es una de las flores más bellas que se pueden cultivar en un jardín. Pero, al igual que todas las flores, necesita unos cuidados especiales, no sólo para mantener su belleza, sino para conservar su salud, circunstancia que contribuirá a mantener la armonía y la belleza del jardín.
El gladiolo comprende 180 especies nativas de África, Madagascar, Europa, Arabia y oeste de Asia, donde el gladiolo crece espontáneamente, aunque la mayor parte son de origen africano.
Los cultivares hortícolas del gladiolo se han obtenido desde comienzos del siglo XIX por cruzamientos entre diversas especies botánicas. Presentan gran diversidad de tamaños, colores y forma de las flores así como de épocas de floración.


El tallo, llamado cormo, es un tubérculo caulinar de orientación vertical, de estructura sólida, forma redondeada algo achatada, con el ápice de crecimiento en el centro de la zona superior que normalmente está algo deprimida. Puede durar uno o varios años, renovándose el cormo anterior, cuyos restos permanecen en la base del nuevo.
Esta estructura está formada por varios nudos, de cuyas yemas axilares se forman nuevos cormos.
Sus flores son bisexuales, sésiles, cada una rodeada de una bráctea y una bractéola, y su fruto se encuentra en cápsulas con semillas aladas.
En cuanto a la temperatura ambiental, de 10 a 15ºC es la adecuada para la noche y de 20 a 25 ºC para el día. La humedad ambiental deberá estar comprendida entre el 60 y el 70%. En caso de que se vaya a cultivar la planta del gladiolo en invernadero, hay que tener en cuenta que con falta de luminosidad las plantas se quedan ciegas y no florecen, por lo que habría que aportar luz artificial al invernadero.
Es una planta poco exigente en suelos, pero prefiere los arenosos con aportaciones de estiércol. Si el suelo tiene contenido de arcilla no será perjudicial, siempre y cuando tenga un buen drenaje para evitar encharcamientos y enfermedades.
La cal y la materia orgánica le van muy bien, siempre que esta última esté en estado humificado. Además, aparte de las necesidades que tiene en nitrógeno, fósforo y potasio, es bastante sensible a las carencias de magnesio, hierro y calcio.
Además, el gladiolo puede sufrir diversas enfermedades. Una de las más comunes es la Fusariosis, que afecta tanto a las hojas, que se amarillean, como a las flores, que ven reducido su número, y al cormo, donde da lugar a una podredumbre seca de la base o del corazón e incluso a la momificación al final del almacenamiento.
Esta enfermedad se puede prevenir mediante la rotación de cultivos durante cinco años o más, encalando los suelos, usando fertilizantes a base de nitratos, y mediante tratamientos con productos presentados como polvos de Tiram, etc. Otras enfermedades que afectan al gladiolo son la Estromatiniosis, Botritis, Roya Transversa, o enfermedades relacionadas con virus, como el virus del mosaico de la judía amarilla o el virus del mosaico del pepino.