
Muchos aseguran que los perros acaban pareciéndose a sus dueños tanto en el físico como en el carácter. Lo que es innegable es que cada perro tiene una personalidad propia al margen de la raza, al igual que ocurre con nosotros, el carácter se irá forjando con los años a través de sus propias experiencias.
Entendemos el concepto de personalidad como la conducta social, es decir, observando y controlando como nuestro perro se relaciona con las personas y con otros animales. Lo más importante es prestar atención a sus expresiones al comunicarse e interactuar para poder diferenciar entre los cuatro modelos de personalidad básicos.

Lamentablemente, en la actualidad es cada vez más común que los propietarios de estos perros estimulen su comportamiento agresivo. Esto puede terminar provocando más disgustos que satisfacciones, puesto que puede darse el caso de que personas inocentes sean agredidas por animales cuyos dueños han sobreestimado, consciente o inconscientemente, este rasgo.


Asimismo, puede darse en cachorros que convivan con perros muy dominantes y con un temperamento agresivo. En este caso el carácter tímido es una consecuencia de las experiencias adversas que suelen producirse durante los primeros momentos de interacción con otros animales.

Este tipo de personalidad se observa frecuentemente en aquellos perros producto del apareamiento de una pareja en la cual uno de los individuos presenta una personalidad agresiva y el otro manifiesta un carácter tímido. Estos apareamientos generalmente son llevados a cabo por criadores inexpertos que pretenden compensar las características indeseables de la personalidad de los padres, sin saber que en realidad el resultado más probable sea el de un cachorro tímido-agresivo.

Este tipo de animales son ideales para tratar con niños, puesto que suelen muy pacientes y cariñosos. En definitiva, a parte del componente genético, una buena educación y un adiestramiento adecuado realizado por un profesional puede evitarnos muchos disgustos.