
Para prevenir las garrapatas en los perros, es aconsejable dotar al perro de un adecuado collar antiparasitario y utilizar productos especiales para el baño. También es importante controlar las zonas de estancia de la mascota. Los ectoparásitos están divididos en dos grupos principales: arácnidos (garrapatas y ácaros) e insectos (pulgas)
Las garrapatas viven a costa de la sangre que obtienen del perro; según sus características morfológicas pueden dividirse en: garrapatas de tipo duro, de cuerpo oval y puntiagudo por delante, que poseen unas estructuras en su cabeza (palpos) mediante los cuales inspeccionan al hospedador. La fijación la realizan mediante otra estructura denominada 'hipostoma'. El abdomen puede aumentar varias veces su tamaño para almacenar la sangre; esto es típico de las hembras. Por su parte, las garrapatas de tipo suave, tanto machos como hembras, dilatan su abdomen al ingerir sangre del huésped.


Los ácaros son arácnidos que solo pueden verse de forma clara bajo el microscopio. De cuerpo redondo y achatado, se alimentan de escamas de la piel del perro (algunos se alimentan de líquido linfático). Algunos excavan túneles bajo la piel donde viven, se alimentan y ponen huevos; otros viven en los folículos del pelo y en las glándulas asociadas de la piel.
Irritación: al alimentarse a través de la piel, suelen provocar picor intenso; el animal se rasca y se produce una lesión secundaria. Estas heridas (por picadura del parásito y por rascado del huésped) son susceptibles de infectarse por bacterias oportunistas. Los daños causados por los ácaros en la piel se conocen con el nombre de sarna y se caracteriza por inflamación de la piel y ausencia de pelo.


Transmisión de enfermedades: uno de los inconvenientes fundamentales de la acción de las garrapatas es la posibilidad de transmitir graves enfermedades (babesiosis). En el caso de las pulgas, el efecto transmisor también es posible (Dipylidium caninum).
Reacciones tóxicas: algunas garrapatas, al alimentarse, liberan toxinas en la sangre del huésped. Esto puede provocar una parálisis y causar la muerte del animal.
Pérdida de sangre: evidente pérdida por la ingestión de los parásitos de este inapreciable elemento. Suele evidenciarse por debilidad y anemia (analítica sanguínea).
Ácaros: no existe una prevención eficaz, por lo que siempre nos dirigimos al tratamiento cuando el problema aparece. En tal caso, se aplicará el tratamiento oportuno, según el tipo de ácaro y localización orgánica.
Pulgas: es indispensable el tratamiento del animal y de su entorno. Los tratamientos preventivos deben aplicarse de forma regular y no sólo en épocas de máxima presencia.


Una vez localizado en el interior de los glóbulos rojos, se multiplica y origina un cuadro con los siguientes síntomas: anemia, ictericia (las mucosas presentan una coloración amarilla), fiebre, debilidad, depresión y disminución del número de plaquetas.
El tratamiento consiste en una inyección de dipropionato de imidocarb junto con atropina para evitar los efectos secundarios (salivación), la cual se debe repetir a los 15 días. La mejoría es evidente en uno o dos días, debiendo valorar si existe algún otro órgano afectado por la enfermedad, fundamentalmente los riñones. Es importante comentar que la inyección del producto causa mucha irritación, lo cual es normal y desaparece en unos minutos.