
Todos nos preocupamos por la alimentación y el desarrollo físico de nuestros hijos, pero la asertividad infantil es igual de importante para su crecimiento emocional e intelectual. Lo que los niños aprenden sobre comunicación y relaciones sociales durante la infancia determina directamente su personalidad y bienestar en la vida adulta.
La asertividad es la capacidad de expresar tus opiniones, necesidades y límites sin herir a otros. Es una habilidad fundamental que todos valoramos en las personas y que debemos enseñar a nuestros hijos desde pequeños. ¿Quieres aprender cómo estimular esta cualidad tan importante?

La asertividad es la habilidad de comunicarte de forma serena y respetuosa, expresando tus ideas y sentimientos sin manifestar ansiedad, agresividad o pasividad. Se trata de encontrar el equilibrio perfecto en la comunicación.
Esta capacidad produce una doble satisfacción: a nivel personal, porque los niños aprenden a expresar sus necesidades, y a nivel social, porque pueden establecer relaciones positivas usando el tacto necesario para no ofender a los demás.

Enseñar asertividad a tu hijo desarrolla sus habilidades sociales y de comunicación. Estos son pilares fundamentales para que se relacione de forma saludable con los demás durante toda su vida.
Existen dos extremos negativos en la comunicación que debemos evitar: la pasividad (cuando el niño no se defiende) y la agresividad (cuando defiende sus derechos mediante la violencia). La asertividad es el punto medio ideal donde tu hijo puede expresarse sin ser víctima ni agresor.

Los padres somos los mejores maestros de asertividad. Es fundamental que aprendamos y practiquemos nosotros mismos esta habilidad a diario. Cuando tu hijo te ve expresar tus sentimientos de forma clara y respetuosa, aprende naturalmente a hacerlo.
Expresa tus emociones libremente, sin reprimirlas, para que tu hijo vea que es seguro sentir y comunicar lo que experimentas. Cuanto menos reprimas tus sentimientos, más fácil te resultará gestionarlos y modelar este comportamiento.
No juzgues los sentimientos de tu hijo ni los tuyos propios. Valida sus emociones aunque no estés de acuerdo con su comportamiento. Esto le enseña que es seguro expresar lo que siente en tu presencia.
Di claramente lo que necesitas o quieres. Cuando los niños ven que expresas tus deseos de forma directa, aprenden que eso es lo correcto.
Aprende a decir 'no' tanto a los demás como a tus hijos. Si no establecer límites claros, tu hijo tampoco aprenderá a expresar sus opiniones y rechazos de forma respetuosa.
Los límites no son restrictivos: los niños con límites claros son niños seguros que saben cómo comportarse en diferentes contextos y qué esperar de otros.
Ofrece a tu hijo un espacio donde pueda expresar sus opiniones sin sentirse juzgado o ridiculizado. La confianza es esencial, pero esto no significa permitir que haga lo que quiera: los límites son necesarios.
Cuando tu hijo conoce los límites, puede usarlos como referencia en la vida diaria y establecerlos con otras personas de forma respetuosa.
Los niños asertivos aprenden a decir qué no les gusta sin molestar a nadie. No se trata de que estén callados, sino de que comuniquen sus sentimientos de forma constructiva y respetuosa.
Interésate constantemente por cómo se siente tu hijo ante diferentes situaciones. Ayúdale a desarrollar criterio propio validando sus perspectivas y alentándolo a expresar sus opiniones de forma clara y sin agresividad.

La asertividad es una habilidad que se aprende y se desarrolla. Con paciencia, ejemplo y dedicación, tu hijo aprenderá a comunicarse de forma segura, respetuosa y efectiva, una capacidad que lo acompañará toda la vida.