
El objetivo es que el niño aprenda por sí mismo lo que está bien y lo que no, utilizando para ello diversos mecanismos que no tienen por qué basarse siempre en un castigo.
Lo importante es no aplazar demasiado el momento de establecerle los límites, ya que obtendremos los resultados de forma más lenta y costosa. Desde el primer día que está con nosotros, podemos ir mostrándole con cariño las pautas de un buen comportamiento.
Cuando a nuestro hijo le decimos 'no' en determinadas ocasiones, le estamos provocando pequeñas frustraciones necesarias para que, poco a poco, pueda renunciar a sus deseos o sepa encajar fallos y decepciones de la vida cotidiana.
Si nuestro hijo no ha tenido nunca frustraciones, no sabrá encajarlas, no podrá reaccionar ante ellas y su autoestima se verá afectada, ya que creerá que no sirve para realizar esa tarea o conseguir ese regalo. Por ello, es muy beneficioso negarle pequeñas cosas y que no siempre lo consiga todo.

Es muy beneficioso felicitar al niño siempre que se lo merezca, especialmente si ha cumplido una norma nueva o un límite que le cuesta asumir. Así le daremos confianza en sí mismo, y comprobará lo felices que nos sentimos al portarse bien.
Ser cariñosos pero firmes es importante. Que queramos a nuestros hijos no implica que les dejemos hacer lo que quieran o, por el contrario, debamos ser excesivamente estrictos. Buscar soluciones, sanciones y recompensas adaptadas a lo acontecido ayudarán a evitar confusiones en el niño: no podemos regañarle igual si ha pegado a otro chico que si ha tirado el vaso de leche al suelo.

Si, por el contrario, hemos comenzado tarde ha implantar los límites, conseguiremos el mismo resultado, pero tardaremos bastante más en cumplirlo.Ya no se tratará sólo de transmitir unas normas e ir revisándolas y adaptándolas a su edad, sino que estamos intentando modificar conductas no deseadas en nuestro hijo, aceptando unas normas nuevas que chocan mucho con el modelo educativo que estaba recibiendo antes.
En este caso, es imprescindible que comencemos poco a poco a implantar las normas -todas a la vez abrumarían al niño- y ser constantes, para darle un mensaje claro, pues no entenderán por qué, por ejemplo, ahora puede comer chucherías y mañana no. Debemos tener mucha paciencia para conseguir el resultado deseado.
Ya hemos visto que es primordial para el niño que existan unas normas claras en su educación para un óptimo desarrollo, pero también conseguiremos un hogar más estructurado y con mayor calma.Ya no habrá rabietas, aunque siempre tendremos oposiciones, ya que los niños consiguen así la independencia con los padres. Iremos eliminando los malos modales y podremos disfrutar más y mejor el tiempo diario que pasamos con nuestros hijos.