
Nuestro organismo a veces reacciona haciéndonos sentir especialmente nerviosos, en especial si nos enfrentamos a situaciones desconocidas o peligrosas. Es totalmente normal padecer ansiedad en algún momento y tener miedo, ya que forma parte de nuestra vida diaria. Sin embargo, esto puede traducirse en un problema si la persona presenta sentimientos angustiosos permanentemente. En el caso de que los trastornos sean continuos y produzcan obsesiones, debemos recurrir a la psicología para corregirlos.
El miedo se diferencia de la angustia porque el primero es una reacción normal frente a algún peligro evidente, mientras que la segunda es un sentimiento que aparece sin ningún motivo justificado. Cuando no podemos controlar nuestros actos y nos sentimos ansiosos ante una situación que no reviste gravedad, aparecen los problemas. Los síntomas varían mucho dependiendo de la persona, pero pueden ser especialmente peligrosos para aquellos que sufren otras enfermedades relacionadas con el estado emocional como la depresión.

Esta alteración psicológica se manifiesta mediante la aparición de crisis, denominadas 'de ansiedad' o 'de pánico', que se caracterizan por presentar un estado de miedo intenso, que incluye la sensación de que se corre un peligro mortal. Normalmente, estas crisis están acompañadas de malestar corporal, con síntomas muy similares a los que se padecen tras algún susto o amenaza fuerte. Además, hay que añadir que, en la mayoría de los casos, este miedo es infundado, pero provoca que el organismo haga funcionar los mecanismos de alarma ante situaciones peligrosas.


Según los expertos en el tema, estas crisis se presentan como un episodio puntual de temor que se inicia de forma inesperada y brusca y que dura unos minutos, alcanzando su máxima intensidad tras pocos segundos de haber comenzado. El hecho de que quien sufre una de estas crisis tema intensamente morir o volverse loco, hace que tiendan a huir del lugar o de la situación en la que se encuentren para buscar ayuda. Sin embargo, lo normal es que, cuando lleguen al médico, los síntomas hayan desaparecido.

Estos trastornos afectan más a las mujeres que a los hombres, ya que éstas tienen una mayor tendencia a la emotividad "en una sociedad en la que a los hombres se les veta el derecho a expresar sus sentimientos", asegura Vanesa Fernández. Por otro lado, es más generalizada en personas adultas, aunque esto no excluye que pueda manifestarse también en niños pequeños. Se trata, por lo general, de personas que tienen crisis de identidad, que están sufriendo modificaciones en su vida diaria y sienten pánico e inseguridad. La psicóloga clínica Amor Hernández comenta que la ansiedad "suele brotar en épocas de mayor cambio, al terminar los estudios y comenzar el trabajo, al encontrar una pareja, con un embarazo, etc, y hay que ponerle freno cuando una persona nota que algo no funciona".

La vida actual que llevamos, donde las prisas y la presión social nos hacen olvidarnos de cuidarnos adecuadamente, hace que "en los últimos 20 años se hayan multiplicado los casos de ansiedad", afirma Hernández. Por su parte, la doctora Fernández, afirma que"en una sociedad tan competitiva como la nuestra, en la que cada vez se nos exige más y en la que llevamos un ritmo agotador, podemos sentirnos estresados ante las limitaciones de tiempo, espacio y, en ocasiones, de dinero, provocando que nuestro sistema nervioso se pueda descontrolar y puedan aparecer las crisis de ansiedad y que se desencadenen problemas físicos o psicológicos más graves".

Con un tratamiento adecuado, la voluntad del paciente y la empatía entre éste y su terapeuta, se puede llegar a erradicar el problema definitivamente. Para los casos más graves, existen multitud de fármacos con los que controlar o disminuir las crisis de ansiedad, así como su intensidad o frecuencia.
Asimismo, se emplean medicamentos para tratar otras afecciones relacionadas con esta patología del sistema nervioso, como la depresión o el insomnio. El objetivo de los tratamientos farmacológicos es hacer la vida más llevadera a los pacientes, disminuyendo la ansiedad y favoreciendo la autoconfianza del individuo. Los más empleados son los tranquilizantes, junto con los ansiolíticos y antidepresivos. No obstante, siempre ha de ser un médico quien diagnostique la ansiedad e indique el procedimiento a seguir.