
Cómo lidiar con el síndrome postvacacional no es tarea fácil. La vuelta de vacaciones siempre resulta difícil. Volver a la rutina tras esa etapa de relax en la playa, en el porche de nuestra casa de campo o de apasionadas aventuras en ciudades desconocidas, puede convertirse en mucho más que una simple reticencia perezosa. Es un estado que hace que quienes lo padezcan sean incapaces de reencontrarse con las obligaciones de sus puestos de trabajo en condiciones óptimas.
Actualmente, aprender a cómo lidiar con el síndrome postvacacional es un problema que está dando mucho que hablar. En España, donde los horarios laborales son especialmente largos y hay muy poca conciliación entre el tiempo dedicado al trabajo y el que pasamos con la familia, este trastorno se está volviendo peligrosamente común.

Somos diferentes y no siempre actuamos de la misma manera ante un problema emocional. Los horarios laborales, la intensidad de nuestro trabajo y el puesto que desempeñemos influyen en el posible desarrollo de este trastorno. Raquel Sánchez advierte de que "mientras algunas personas suelen incorporarse sin demasiados esfuerzos a sus puestos de trabajo, para otras puede ser realmente costoso. Son personas a las que les cuesta coger el ritmo y que pueden sentirse anímicamente mal". El porcentaje de personas afectadas puede rondar el 35% de los trabajadores, pero suele ser mayor en aquellas ocupaciones donde la actividad es muy intensa y para aquellos que están descontentos con su trabajo.


En los casos más graves, incluso se puede hablar de verdaderos trastornos psicológicos, depresiones severas o problemas de ansiedad que no nos dejan vivir con salud y que pueden desencadenar afecciones físicas que pongan en riesgo, no sólo nuestro estado mental, sino el buen funcionamiento de nuestro sistema circulatorio o nuestra capacidad respiratoria. En estos casos debemos consultar a un especialista. Raquel Sánchez advierte de que "los síntomas se suelen solucionar en una o dos semanas, pero si se prolongan más de un mes, se puede tratar de una cuestión grave que debe ser solucionada". La doctora recomienda ponerse en manos de un experto que "llevará una terapia cognitivo-conductual que nos ayudará a enfrentarnos a nuestra situación y a buscar alternativas personales al trabajo, para poder hacer así más llevadero el ritmo de vida". Es decir, la solución se halla en buscar un equilibrio personal en el que tengan cabida tanto nuestro trabajo como nuestros ratos de ocio o el tiempo que pasamos con nuestra familia.
Los niños no están exentos de padecer, en mayor o menor medida, este tipo de trastornos. Los largos meses de verano en los que tanto han disfrutado, dan paso a la vuelta al colegio y a tener que volver a sus responsabilidades diarias, a madrugar y a estudiar. Lo mejor es hacerles ver esta reincorporación como algo bueno, que sepan que van a volver a estar con sus compañeros y que tengan una concepción divertida de los primeros días de clase. Los pedagogos y profesores se encargan de que este retorno no sea demasiado traumático haciendo entretenidas charlas sobre las vacaciones de cada niño, para que puedan aprender unos de otros.


Para evitar que nuestro ánimo a la vuelta de las vacaciones se desplome, es muy importante empezar tranquilamente y no querer recuperar el tiempo perdido en las vacaciones y todo el trabajo acumulado en una sola semana. Raquel Sánchez aconseja seleccionar las horas de descanso e "incorporarnos poco a poco y plantearnos expectativas a corto plazo para que no sintamos que nuestra vida es un círculo vicioso que se centra en el trabajo". Teniendo esto en cuenta, podemos planear alguna escapada con los amigos un fin de semana o algún viaje corto. Otro de los aspectos que preocupa es el tema de los horarios. Durante las vacaciones solemos comer a distintas horas y acostarnos más tarde, por lo que es muy importante recuperar el ritmo normal antes de que puedan aparecer problemas relacionados con el sueño o con nuestra nutrición.
La adaptación puede ser más o menos costosa, pero pensar en nuestra angustia personal como algo pasajero que podemos contrarrestar, nos ayudará a reubicarnos. No obstante, si creemos que vivimos una situación muy delicada y no podemos hacerle frente, no debemos dudar en pedir ayuda, empezando por nuestros allegados y acudiendo a un especialista si fuera necesario. Sufrir un poco de estrés es normal, pero si éste fuera excesivo podría desencadenar un riesgo más grave. Ante todo tranquilidad y relajación para evitar sentirnos saturados.
Agradecimientos: Raquel Sánchez Martín, especialista en psicología clínica cognitivo-conductual de la clínica Alhama psicólogos.