
Su labor también puede ser de salvamento. Eso sí, siempre y cuando el Mastín de los Pirineos haya recibido un adiestramiento adecuado desde cachorro, porque es bien conocido por su terquedad y nos encontraríamos con grandes problemas si lo intentáramos cuando ya se ha desarrollado.
En definitiva cuando vemos al Mastín de los Pirineos, nos encontramos ante un perro de una gran nobleza y bondad hacia los suyos, a los que no dudará en defender con su mayor fiereza cuando la situación lo requiera, y que puede convertirse en un gran amigo si se le da el cariño que necesita.


Hasta la creación del Club este perro era confundido en numerosas ocasiones con el Mastín Español e, incluso, muchos creían que era una variedad del Mastín Leonés, Extremeño o Soriano. Actualmente, esta raza goza de total reconocimiento y es respetado internacionalmente. Existen clubes especializados no sólo en España, como ya hemos visto, sino también en Suecia, Noruega, Finlandia y otros países europeos que admiran a este fabuloso animal.
Sobre sus orígenes hay varias teorías. La que tiene un mayor peso es la que asegura que fueron los fenicios, en el curso de sus viajes comerciales, los que introdujeron en la Península Ibérica mastines procedentes de Siria o de la India. Estos perros son los que habrían dado lugar con los años a las diversas razas de perros de guarda españolas que conocemos, como son el Mastín Español, Refeiro de Alentejo, Mastín de la Sierra de la Estrella y la raza que nos ocupa, el Mastín del Pirineo.
Esta raza está muy ligada a lo que fue el Reino de Aragón y su existencia se vincula sobre todo a la guarda de los rebaños del Pirineo Aragonés y Navarro. Utilizado para la defensa del ganado y guardián de propiedades y personas, su gran talla le convierte en el acompañante perfecto de los rebaños que recorrieron los valles pirenaicos durante siglos. Con el paso del tiempo, y gracias a una precisa selección funcional, el Mastín del Pirineo se convirtió en una parte imprescindible de la vida aragonesa.
Es un animal de una increíble belleza, pero como consecuencia de su gran funcionalidad para el cuidado de las reses nunca se le prestó demasiada atención a su aspecto físico, hasta los primeros años del siglo pasado. Los Mastines del Pirineo se presentaron por primera vez a un certamen de belleza en 1890, en Madrid, y desde entonces son seria competencia para las restantes razas caninas que participan.


Su pelaje es tupido, grueso y moderadamente largo y su color es básicamente blanco con máscara bien definida. Es habitual encontrarle manchas del mismo color de la máscara repartidas por todo su cuerpo. Ahora bien, los que no son deseables son los ejemplares tricolores, ni tampoco los totalmente blancos. Algo muy importante es que el pelo ha de ser cerdoso, no lanoso.
Algunos de los defectos que suelen presentar y a los que se debe prestar una especial atención son: hocicos puntiagudos o exageradamente romos, cañas y pies débiles, aplomos incorrectos, ausencia de varios premolares o caninos, pelo muy ondulado o rizado y carácter desequilibrado en general.

Nunca retrocede frente a los peligros, y lo mismo le ocurre en su relación con los perros con los que se muestra benévolo a sabiendas de su poderío. En situación extrema muestra su habilidad en la lucha y las pautas de comportamiento adquiridas tras siglos de peleas contra el lobo. En cualquier caso, se trata de un magnífico animal que aportará grandes dosis de nobleza a aquellos que se decidan a criarlos en su hogar.