Es el mineral más abundante en el cuerpo y tiene múltiples funciones: ayuda a mantener los huesos fuertes, interviene en la contracción de los músculos, entre otras.
Ayuda en la actividad de enzimas, síntesis de proteínas, contracción musculary transmisión de flujo nervioso. Además, es importante para la conformación del esqueleto.

El hierro aporta los nutrientes a los glóbulos rojos que se encargan de transportar el oxígeno a todas las células del cuerpo.
Ayuda a regular el balance de líquidos y minerales dentro y fuera de las células, así como transmitir impulsos nerviosos y contraer los músculos. Un déficit de potasio puede provocar debilidad, calambres musculares y pérdida de apetito.
El zinc es necesario para el correcto funcionamiento del sistema inmunológico, la cicatrización de las heridas e interviene en la percepción del gusto y el olfato.
Quizás menos conocido, pero que realiza funciones importantes en el organismo como el metabolismo del colesterol, los carbohidratos y las proteínas.
Ayuda a producir enzimas antioxidantes. Es importante para la reproducción, la función de la glándula tiroidea, la producción de ADN y para proteger al cuerpo contra infecciones.
El cobre es es fundamental para el sistema nervioso, las defensas, los vasos sanguíneos y los huesos.
La formación de huesos y dientes es una de sus funciones principales. También estimula la producción de proteínas y ATP, la molécula responsable de almacenar energía.
El sodio tiene un papel protagonista en el correcto funcionamiento del sistema nervioso. Además, mantiene la permeabilidad de las paredes de las células y facilita los impulsos musculares y nerviosos.
Molibdeno, Cromo, Silicio, Selenio, Cobalto o Azufre.