Cuando llegamos a un determinado momento en nuestro desarrollo personal, nos damos cuenta de que para poder entendernos y entender lo que hay a nuestro alrededor, es esencial tener control y conocimiento sobre lo que ocurre en nuestra mente. Si no controlamos lo que pasa ‘allá arriba’, podríamos decir que nuestro barco va sin timón, navegando a la deriva a merced de cualquier cosa con la que pueda encontrarse.
Nuestra mente está abarrotada de cosas
Cuando comenzamos a meditar, nos hacemos conscientes de que, dentro de nuestra mente, conviven muchísimos pensamientos, creencias, imágenes, ideas, etc. Todas estas cosas protagonizan a su antojo nuestros momentos sin que nosotros podamos hacer nada. Cuando menos te lo esperas aparece algo en tu mente que nada tiene que ver con lo que estás viviendo en ese momento y se cuela con toda libertad, haciéndote perder la concentración y, en los peores casos, tiñendo el momento presente de preocupación o angustia.

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Afortunadamente, con la meditación vamos corrigiendo poco a poco esa predominancia de la autonomía de los pensamientos indeseados. Además, fuera de meditación, somos capaces de llevar esa consciencia a situaciones en las que es necesaria.
De manera habitual, pocas personas se dan cuenta de esta disfunción mental que gobierna nuestra vida. Nos hemos acostumbrados a no estar presentes en nuestra mente y no nos damos cuenta de lo que allí está sucediendo. Afortunadamente, además de a través de la meditación, existen numerosas técnicas y herramientas, que nos llevan a encontrar la forma de ser capaces de controlar el material que entra en nuestro cerebro. Todas ellas nos ayudan a decidir dónde queremos poner nuestra atención eligiendo, por lo tanto, los pensamientos que permitimos que nos visiten.

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Si consigues combinar los tres ejercicios anteriores con los pequeños truquitos que te propongo a continuación, te aseguro que, además de mejorar el control sobre tu mente, proporcionarás una gran ayuda a tu cerebro para que despierte y active ciertas zonas que, hasta ahora, estaban dormidas.
4. Practica juegos mentales: si habitualmente practicas juegos mentales tipo sudokus o crucigramas conseguirás mejorar y poner en marcha tu actividad y agilidad cerebral. Así mismo, mejorará tu capacidad de concentración. No hace falta que lo practiques más de 15 o 20 minutos.
5. Cambia de mano: cambia la mano con la que realices determinadas actividades. Lávate los dientes con la mano contraria, o cambia la mano con la que llevas la bolsa de la compra. Esto conseguirá que en tu cerebro se establezcan nuevas conexiones.
6. Aprende algo nuevo: El hecho de aprender algo nuevo consigue que distintas áreas cerebrales se pongan en marcha. Prueba a aprender algún idioma, leer otro tipo de libros o aprende a patinar, cualquier cosa sirve. Activarás tu memoria y, de nuevo, tu capacidad de concentración aumentará.
7. Memoriza números de teléfono: Actualmente, con el uso de los teléfonos móviles, ya no necesitamos memorizar casi nada. El teléfono lo hace por nosotros mientras que nuestro cerebro aprovecha para atrofiarse… Intenta memorizar cada día varios número de teléfono, tu cerebro necesita material para ejercitar la memoria.
8. Haz listas de diferentes cosas: Puedes hacer listas de cosas muy diversas: de sitios que has ido a visitar, de personas que conociste haciendo un curso, de los mejores momentos de tu vida o de aquello que más te gusta comer, por ejemplo. Estas listas ayudan a aumentar la actividad cerebral y a hacer asociaciones de datos.

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