
Las enfermedades de la piel pueden ser originadas originadas tanto por causas internas como externas. La inflamación de la piel o dermatitis puede producirse tras la exposición a sustancias irritantes, por el contacto con venenos de origen vegetal, o por quemaduras producidas por una exposición excesiva a los rayos ultravioleta del sol.
La infección de la piel por ciertas bacterias produce sarpullido y las infecciones cutáneas pueden extenderse por todo el cuerpo (sífilis, viruela, tuberculosis); enfermedades sistémicas generales pueden dar lugar a síntomas cutáneos, como en la varicela y el sarampión.
Otras afecciones cutáneas incluyen tumores, quistes sebáceos (lobanillos), úlceras y pigmentaciones congénitas o producidas por alteraciones en las secreciones internas (hormonas) y melanomas (cáncer).

La psoriasis, enfermedad crónica de la piel, se caracteriza por la aparición de placas inflamadas sobre la superficie cutánea con color que va del rojo al castaño. Afecta principalmente a los codos, rodillas, cuero cabelludo y pecho aunque se puede extender por todo el cuerpo.

La urticaria es la alteración alérgica de la piel caracterizada por la aparición repentina o reiterada de pápulas o erupciones cutáneas que se acompañan de inflamación y prurito. Está causada por una reacción alérgica de aparición rápida tras la ingestión, inhalación, inyección o contacto con el antígeno específico. Numerosos fármacos pueden causarla (penicilinas, sueros, insulina de procedencia animal), también picaduras de insectos o infecciones por parásitos, distintos materiales (lana, metales pesados, pieles, seda), infecciones focales (dientes, amígdalas), exposición a los rayos ultravioleta o temperaturas extremas. En muchos casos hay desórdenes emocionales.