Su nombre proviene de un término árabe qué significa lengüetas de la tierra, en referencia a sus características hojas, que más que hojas, en realidad, son pétalos de la flor de la alcachofera.
La alcachofa es una verdura muy rica en vitaminas A y C, y minerales tales como el fósforo, el calcio o el magnesio, aunque sobre todo destaca por contener una serie de compuestos que —pese a que se encuentran en muy pequeñas cantidades— repercuten positivamente en la salud en general, y en el hígado y en el riñón en particular.

El más importante es la cinarina, una sustancia amarga que aumenta la secreción de bilis y promueve el vaciado y la limpieza de la vesícula biliar. Además, activa la producción de bilis, que disuelve la grasa más rápido y la vuelve más fluida, lo que reduce la probabilidad de formación de cálculos biliares.
También hay que prestar especial atención a la inulina, una fibra que reduce los niveles de azúcar en sangre después de las comidas, por lo que se recomiendan las alcachofas en personas con diabetes. Además, promueve el equilibrio de la flora intestinal, ya que desempeña un papel prebiótico importante promoviendo el crecimiento de las bacterias beneficiosas en el intestino.

Pero los beneficios de la alcachofa no quedan ahí. Esta hortaliza tiene múltiples usos terapéuticos, como por ejemplo:

Y no hay que olvidar que es muy digestiva. La alcachofa contiene cinaropicrina, una sustancia aperitiva que prepara al organismo para recibir y asimilar mejor todo tipo de alimentos.
Las únicas personas que deben limitar o evitar su consumo son aquellas con tendencia a las fermentaciones intestinales, ya que su fibra puede propiciar la acumulación de gases y la flatulencia.
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