Cuando hablamos de emociones estamos refiriéndonos a un estado anímico concreto, una reacción subjetiva de nuestra mente ante el ambiente y los sucesos que nos rodean. En la vida cotidiana de un cuidador es normal tener que afrontar y gestionar emociones de todo tipo,. Siempre hemos contado con las emociones como uno de los temas más profundos para explorar.
Podemos sentir alegría cuando alcanzamos una meta, vivimos una experiencia enriquecedora y estética o conseguimos atenuar un malestar que sentíamos. En general la alegría forma parte de las emociones y sensaciones relacionadas con un estado de bienestar interior; felicidad, satisfacción, júbilo, éxtasis, dicha, etc.
Muchos dicen que la función principal de la alegría es asegurar la existencia de la especie humana, sea como sea, también nos ayuda a ser más creativos, solidarios y proactivos, es decir crea lazos entre los seres humanos.
El canal principal de expresión de esta emoción son los gestos faciales producidos con los ojos y labios, lo que resulta en una sonrisa. Según el nivel de alegría esta sonrisa puede llegar a la carcajada, acompañándose de sonidos y diversos cambios posturales.
La alegría también activa el organismo en su totalidad, haciendo que podamos manifestar ganas de saltar, correr o incluso bailar. Esto se ve claramente en los más pequeños, que al no contar con los límites de la socialización, expresan sus emociones sin ningún tipo de barrera.
Por ello, el nuevo paradigma de la psicología positiva concibe este tipo de emociones como uno de los pilares conducentes a la felicidad o el bienestar de las personas y, por ende, uno de sus principales objetos de estudio.
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