En este post exponemos la alimentación en Insuficiencia Hepática. Una insuficiencia hepática supone la pérdida de la capacidad funcional del hígado. Existen dos tipos de Insuficiencia Hepática, la Aguda y la Crónica.
La Insuficiencia Hepática Aguda puede producirse tras una hepatitis vírica, cirrosis o el abuso de medicamentos. Suele aparecer en semanas. La Insuficiencia Hepática Crónica es de más lenta evolución, y tarda años en manifestar el daño de una gran superficie del hígado.
Las funciones del hígado son depurar la sangre, metabolizar las toxinas y facilitar la digestión y el tránsito intestinal. La alimentación en insuficiencia hepática se basa en controlar el consumo de proteínas, restringir el sodio en la dieta, evitar el alcohol pero a veces es necesario un trasplante hepático.
Normalmente los pacientes presentan ictericia, cansancio, debilidad y pérdida de apetito. Además son frecuentes las hemorragias, los hematomas y la acumulación de líquido en el abdomen (ascitis). Se ha descrito que el aliento puede oler como a humo o moho.
Con frecuencia se produce encefalopatía hepática, un estado de intoxicación sanguínea producida por las toxinas que el hígado no es capaz de procesar. Suele afectar al sistema nervioso, con confusión, somnolencia e incluso pérdida de consciencia.
Como el hígado ya no puede procesar adecuadamente la bilirrubina (producto de desecho formado a partir de la degradación de los glóbulos rojos envejecidos), ésta se acumula en la sangre y se deposita en la piel, otorgando el tono amarillo a estos pacientes (ictericia).
También falla la síntesis de las proteínas que controlan la coagulación, por lo que se forman hematomas y se producen sangrados con facilidad. La retención de líquidos hace que aumente la presión en las venas hepáticas (hipertensión portal). En ocasiones se forman nuevas venas en el esófago y estómago que desvían la sangre del hígado. Si se dilatan, se forman varices esofágicas o gástricas que sangran con facilidad, pudiendo aparecer sangre en el vómito o en las heces.
Es común que los pacientes con insuficiencia hepática desarrollen una insuficiencia renal, lo que se conoce como síndrome hepatorrenal. También son frecuentes alteraciones inmunitarias y del metabolismo, como diabetes, hipoglucemias o hipopotasemias.
En los pacientes con insuficiencia hepática se debe asegurar una ingesta adecuada de Kcal y proteínas y el mantenimiento de un peso saludable. El paciente debe seguir una dieta restringida, limitando la cantidad de proteínas de origen animal, para no comprometer la función cerebral.
También debe limitarse el consumo de sodio (sal y muchos alimentos). Si se hace, se puede ayudar a evitar la acumulación de líquido en el abdomen. El alcohol está completamente prohibido, ya que agrava la lesión hepática.
La ración de carne debe ser de 100-125 gramos (pollo, ternera, cerdo, conejo, cordero) y la de pescado 140-150 gramos. Si aumentas la cantidad de proteína se puede descompensar el fósforo.

Dieta para Insuficiencia Hepática
El sodio en la Insuficiencia Hepática
Cuando los riñones no funcionan, el sodio y el líquido se acumulan en el cuerpo, causando inflamación en los tobillos, hinchazón, hipertensión, dificultad para respirar e insuficiencia cardiorrespiratoria. Ten en cuenta que en la dieta occidental existe mucha y sal oculta en los alimentos, como puedes ver en nuestro post.
