
Recientemente en un curso en el que participaba y en el transcurso de una bonita discusión surgió la palabra asertividad como un lejano objeto de deseo de las personas que allí se encontraban.
Seguro que has vivido alguna situación en tu vida en la que por ejemplo querías haber dicho no a algo, y no lo hiciste, aunque sabías que deberías haber dicho lo que pensabas realmente ¿o aquella otra en la que que te sentiste avasallado por otra persona y acabaste diciendo o haciendo aquello que no querías decir o hacer?
Pues bien, tenemos buenas noticias pues este articulo va acerca de la asertividad, y de todo lo que la rodea para evitar que esa circunstancia se vuelva a repetir en tu vida, y de esta forma seas una persona con más habilidades sociales y por tanto más feliz.
¿Qué es la asertividad?
Podemos decir que la asertividad es una manera de comunicación en el que la persona tiene la capacidad para manifestar o trasmitir lo que se desea, lo que se piensa o se siente sin importunar o herir los sentimientos de la otra persona.
Es decir se trata de un comportamiento interpersonal que se basa en defender nuestros derechos y nuestras propias ideas respetando a los demás. O dicho de otra forma decir lo que realmente pensamos, la habilidad para ser claros, francos y directos sin que nuestro mensaje sea ni débil ni demasiado agresivo.
La diferencia básica entre ser asertivo y ser agresivo es la forma en que nuestras palabras y comportamientos afectan a los derechos de los demás.
Sharon Anthony Bower
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Una persona con gran asertividad tiende a tener una autoestima alta y sana. Se trata de personas con una gran confianza en si mismos.
Los beneficios de la asertividad
Convertirte en una persona asertiva puede traerte muchas ventajas frente a no serlo:


Como has podido el contenido principal del mensaje, nuestra negativa, se digiere camuflado entre dos rebanadas de alegría y buen rollo, de forma que se disimula su sabor si el contenido no es del todo del gusto de nuestro interlocutor.
La técnica del sandwich es muy poderosa, no debes dejar de practicar y utilizarla. Cuanto más la utilices, más percibirás que se te hace cada vez más fácil decir lo que realmente piensas y esto redundará de forma positiva en tu asertividad y en tu autoestima.
3. Entender que si no lo dices, es complicado que te lean la mente.
Ninguno de nosotros somos el centro del mundo del cual todo el mundo está pendiente. tenemos que tener claro que expresando lo que queremos decir, facilitamos el camino al entendimiento y evitamos que se repitan muchas situaciones vividas que no son del todo de nuestro agrado. Por favor, expresa tus ideas, deseos, sentimientos y necesidades con claridad. No presupongas nada, es muy complicado conocer bien a alguien.
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Cuanto más claro tengas lo que quieres obtener, mucho más probable será que lo llegues a conseguir. En cualquier conversación o negociación tenlo siempre en mente. Tu objetivo es el que te has fijado, no el de ganar una discusión en muchos casos estéril. Se muy especifico para defender mejor tus necesidades. Una vez tengas un objetivo, no te apartes de él.
5. Añade razones a lo que estás solicitando.
Al dar a tu interlocutor motivos concretos, lograrás que tu mensaje sea mucho menos agresivo y con mayor poder de convicción. Motivos llenos de sentido común son muros de protección que levantarás en la defensa de tus derechos asertivos.
6. No acuses a la otra persona.
Defiende tus derechos desde tu punto de vista, no desde la posición de tu interlocutor. Si le acusas directamente se puede sentir atacado y no sería lo mejor para lograr tu objetivo.
Permíteme un ejemplo:
Has estado insoportable esta semana.
Me he sentido incómodo por como me has tratado esta semana.
Creo que todos tenemos claro que la segunda forma de decir lo mismo es mucho más adecuada ¿no crees?
La clave es usar “Yo” en lugar de “Tú”, y estar siempre focalizado en el problema que tienes, no en acusar o culpar a la otra persona. Normalmente cuando usas el “Yo”, este suele ir asociado a una emoción, y nadie podrá discutirte jamás como te sientes.
Las emociones crean procesos empáticos que podrán acercar posiciones y hacer una relación mucho más cercana y positiva.
7. Acompasa tus lenguaje verbal y corporal.
Si eres capaz de aunar tus palabras con tus movimientos y estados corporales tu mensaje se dotará de mucha mayor fuerza, lo cual será percibido por tu interlocutor.
También será percibido por tu mente por lo que el refuerzo será aún mayor. Es decir si quieres dar un mensaje asertivo, debes mantener una posición tranquila, erguida y firme que aderecen el mensaje.
El consejo que te doy es que vayas poco a poco, probando con interlocutores a priori más sencillos con problemáticas a resolver sencillas y que según vayas teniendo éxito subas de nivel. ¡No se gana un mundial en un partido!
8. Conoce y defiende tus derechos asertivos.
A continuación te dejo con una lista los derechos asertivos básicos de las personas. Todos los poseemos aunque alguno de ellos no los hayamos usado nunca y no tenemos que renunciar a ellos jamás.
Tener presente, manejar e implementar en nuestra vida estos derechos asertívos nos ayudará a relacionarnos mejor con los demás y situarnos a la misma altura que nuestros interlocutores.

Como siempre me gusta hacer te invito a que los leas en tranquilidad, sin prisa, interiorizándolos. Piensa en momentos pasados donde te hubiera gustado ejercer estos derechos asertivos y trasládate al futuro pensando en situaciones en las que te podrán ser útiles.
Los derechos son estos:
1. El derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
2. El derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.
3. El derecho a reconocer mis propias necesidades, establecer mis objetivos personales y tomar mis propias decisiones.
4. El derecho a cambiar.
5. El derecho a decir “no” sin sentirme culpable.
6. El derecho a pedir lo que quiero, aceptando a la vez que me lo nieguen.
7. El derecho a pedir información y ser informado.
8. El derecho a cometer errores.
9. El derecho a obtener aquello por lo que pagué.
10. El derecho a ser independiente.
11. El derecho de gozar y disfrutar.
12. El derecho a triunfar.
13. El derecho a ser mi propio juez.
14. El derecho a decidir hacerme cargo, o no, de los problemas de los demás.
15. El derecho a dar o no explicaciones sobre mi comportamiento.
16. El derecho a no necesitar la aprobación de los demás.
17. El derecho de no ser perfecto.
18. El derecho a decidir no ser asertivo.
Vinculación de la asertividad y la empatía.
Ya sabemos en que consiste la asertividad ¿verdad? Bien, pues tiene una gran conexión con otra habilidad social, la empatía. Ya, pero… ¿Qué es la empatía?
Una habilidad humana, que hace que se comprenda a los demás, y se experimenten los diferentes puntos de vista ajenos, sin llegar a pensar de la misma manera que esa persona. La empatía motiva a quien la practica y a quien la recibe en la comunicación.
Se trata de tener esa habilidad o no, y de saber emplearla en el contexto adecuado, y con personas receptivas de ella.
Una persona empática sabe escuchar con atención, es flexible respecto a su entorno, es capaz de influir y modular sobre las emociones de los demás, intenta comunicar y sentir aquello que sabe que puede ayudar a los otros, y apoya casi incondicionalmente en cualquier ámbito que le implique.
Podríamos decir que la asertividad es un subconjunto de la empatía, ya que ésta de alguna manera es la asertividad en su grado más emocional y humano.
La asertividad se arranca en las palabras que se pronuncian, y la empatía se inicia en las palabras que los demás pronuncian.
Se trata de dos habilidades muy útiles para el aprendizaje y la comunicación, que se relacionan en algunos puntos, y que se diferencian en otros, por lo que se complementan pero pueden funcionar idependientemente.
Eso si, sumando a la asertividad la empatía, nuestro grado de comunicación habrá subido muchos enteros. Y tu grado de felicidad seguramente también.
Hasta aquí hemos llegado en el día de hoy, espero haber sabido ayudarte a conocer la asertividad y a dar pasos para mejorarla.
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