Después de mucho tiempo sin escribir hoy vuelvo a retomar el blog.
Hace ya un tiempo que estoy inmersa en un intenso trabajo de desarrollo personal y sinceramente no tenía ganas de entrar en las redes sociales, por el blog, etc.
Sentía que necesitaba desconectar del ciberespacio y centrarme en el día a día que puedo tocar, y le he estado haciendo caso a mi corazón, cuerpo y mente ...
He estado sintiendo tanto en positivo, como en momentos no tan positivos y aprendiendo muchísimo de todos ellos. Pero hoy tras cenar, que por cierto me he propuesto llevar un horario mucho más europeo, me ha fluido volver a conectarme contigo a través del blog.
Voy a ir publicando entradas, pero no te puedo asegurar que esté muy receptiva por el momento en las redes sociales, con la asiduidad que fluya sin establecer un día o días fijos.
Así que te dejo una caldito que va mucho con el momento que estoy viviendo.
Espero que lo disfrutes!
Raciones: 2 Dificultad: mínima Tiempo: 10 minutos de preparación + 15 minutos de cocinado
Ingredientes Dos hojas con sus tallos de acelgas Un manojo de espinacas 3 patatas pequeñas Una cebolla mediana Un diente de ajo Una cucharadita de apio en polvo Un pellizco de sal marina Pimienta negra recién molida, al gusto Dos hojas de laurel Un trozo de jengibre fresco Un litro de agua mineral
Elaboración Lavar las acelgas y las espinacas, trocearlas.
Pelar ajo, cebolla y patatas y trocear.
Colocar las verduras limpias y troceadas en la olla con la sal, la pimienta, el jengibre y el laurel. Cubrir con el agua y llevar a ebullición.
Cuando arranque a hervir contar quince minutos.
Pasado el tiempo, retirar del fuego, desechar el laurel y pasar por la batidora.
Et voilà!
Ahora solo te queda degustarlo y disfrutar de este riquísimo caldo.