Las pieles sensibles e intolerantes suelen aparecer en pieles claras, finas y que tienen tendencia a sufrir rojeces. Los síntomas que suelen presentar con frecuencia son tirantez, sequedad, descamación, picor e incluso ardor que en algunos casos pueden llegar a ser muy molestos. Se caracterizan por ser más vulnerables a los factores externos como el sol, el viento, el frío…
Las pieles intolerantes se diferencian de las sensibles por poseer un grado de sensibilidad extrema, prácticamente no toleran nada reaccionando a la mínima agresión, incluso pueden llegar a ser dolorosas.
Este tipo de pieles reaccionan incluso con los productos cotidianos para el cuidado de la piel: geles de baño, hidratantes, lociones, perfumes, etc… provocando daños en la barrera de protección de la piel, dejándola desprotegida, deshidratada y tirante.
Las terminaciones nerviosas de la piel también se ven afectadas en el caso de las pieles intolerantes, la piel sufre una reacción a la respuesta nerviosa cutánea que puede llegar a provocar una inflamación.
¿Qué factores intervienen en las pieles intolerantes?
El uso de cosméticos inadecuados para este tipo de pieles o que contengan substancias irritables. Las pieles intolerantes deben evitar cualquier cosmético que en su formulación contengan ingredientes como aceites esenciales, diméthylaminopropylamine, diméthylsulfoxide, peroxyde de benzoyle…
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Cuidados de las pieles intolerantes
Las pieles intolerantes requieren unos cuidados específicos que la protejan, la hidraten, que mantengan su estructura y funcionalidad manteniéndola sana.