La microbiota son todas aquellas bacterias que residen en nuestro intestino. Durante muchos años los hemos visto simplemente como bacterias, y no le hemos prestado atención o dado importancia a su papel dentro de nuestra salud; pero en la última década se han realizado estudios científicos acerca de su importancia para las funciones de nuestro cuerpo.
Esta historia comienza hace millones de años, cuando se creó la vida en la tierra. Primero fueron creados todos aquellos microorganismos y luego de muchos años de evolución llegamos nosotros. Los humanos y las bacterias nos hemos mantenido compartiendo el mismo ecosistema, coevolucionando, coexistiendo y cooperando mediante una relación simbiótica mutualista, es decir, es una relación en la que ganan tanto las bacterias como nosotros mismos: nosotros producimos cosas que son perfectas para las bacterias y viceversa.
Se decía en el pasado que la microbiota en el intestino incluía aproximadamente 100 trillones de microorganismos, superando en 10 veces el número de células del cuerpo humano; y que los genes expresados por la microbiota intestinal (llamado microbioma intestinal) superaban n en 100 o 150 veces el código genético humano. Sin embargo el recuento de bacterias en la actualidad ha confirmado que la cantidad de células es más o menos igual.
Se determinó que en los estudios originales el conteo de células se ve alterado debido al método utilizado para contarlas (en los primeros estudios el recuento se hizo a través del colon, que es la gran metrópolis de bacterias; conforme se sube en el tracto digestivo son menos las células en el tracto bacteriano). Que existan menos células en la microbiota sin embargo no cambia para nada su importancia.
Todos nuestros procesos celulares requieren de diversas sustancias. De los procesos, se producen desechos, a los que llamamos metabolitos. Los metabolitos pueden ser utilizados por las bacterias, que a través de procesos enzimáticos generarán nuevos metabolitos que afectarán a células humanas o que serán utilizados por otras bacterias para producir nuevos metabolitos que podrán ayudar a las células humanas. Es entonces una relación mutualista.
Ya a este nivel, es muy importante decir que la salud del ser humano está relacionada con la diversidad de bacterias: para tener una buena salud necesitamos muchos tipos de bacterias distintas. En el mundo occidental es un problema, porque hoy en día cada vez hacemos más cosas para eliminar bacterias, pensando en que son un problema para nosotros.
Estudios realizados en tribus Yanomami por ejemplo se observa que son una población con la mayor diversidad de bacterias, razón por la cual no se observan enfermedades del occidente (diabetes, enfermedades mentales, etc.).
En otro estudio realizado se habla de que la erradicación bacteriana debido a los hábitos de higiene excesiva que mantenemos hoy en día daña la diversidad bacteriana. Esto no quiere decir que los antibióticos sean malos, los antibióticos han salvado miles de vidas, pero el exceso de antibióticos es lo que desequilibra a nuestro organismo.
Hemos pasado de enfermarnos por patologías infecciosas a enfermarnos por patologías no infecciosas; parece que perder a nuestros antiguos amigos tiene otro tipo consecuencias.
Para poder alcanzar una armonía con nuestras bacterias debemos de realizar cambios de colonización bacteriana en momentos claves de nuestra vida. Los momentos claves más importantes son nuestros primeros años.
Debemos hablar de la programación de la salud a través de la programación de las bacterias intestinales, programación que comienza desde que estamos en el útero de nuestra madre (rompiendo el mito de que al estar en el útero de nuestra madre nuestro intestino es estéril; la traslocación de las bacterias del intestino de nuestra madre pasa a nosotros a través del útero).
De 0 a 3 años es una ventana de oportunidad para la estructura de todas nuestras bacterias a lo largo de nuestra vida y hay que aprovecharla. Todo lo que ocurre con nuestras bacterias en la programación inicial de la vida (el tipo de parto, la genética, la hospitalización, los antibióticos, el ambiente que nos rodea, el estrés maternal, la edad gestacional, la lactancia,…), absolutamente todo influye en la salud de las bacterias y por ende del ser humano.
La ciencia entonces concluye que mientras mayor sea la diversidad bacteriana y cuanto mayor sea la estabilidad en la barrera intestinal encontremos en la infancia mayor resiliencia y menor riesgo a enfermar tendremos en la edad adulta; si cambiamos la colonización bacteriana y producimos una relación no simbiótica sino disbiótica mayor propensión a enfermedades como diabetes, enfermedades del corazón, vulnerabilidad al estrés, problemas de aprendizaje e incluso cáncer habrá.
En este vídeo te explicamos más en profundidad cómo la flora intestinal puede influir en nuestra salud.