
Los ácaros del polvo son los principales responsables de las alergias respiratorias en el hogar. Estos microorganismos provocan síntomas molestos como estornudos constantes, congestión nasal, mucosidad excesiva e incluso crisis de asma en personas sensibles. Aunque eliminar completamente los ácaros es prácticamente imposible, sí puedes mantenerlos bajo control con estrategias prácticas y eficaces.
Los ácaros son microscópicos y se alimentan de las células muertas de nuestra piel. Proliferan especialmente en ambientes cálidos y húmedos, colonizando colchones, almohadas, cortinas y muebles tapizados. Sus restos y heces son los que generan la reacción alérgica en personas sensibles.
Abre las ventanas durante al menos dos horas diarias para que penetre la luz solar directa. Los rayos UV y el aire fresco son enemigos naturales de los ácaros, ayudándote a eliminar gran parte de estos alérgenos de forma natural y gratuita.
Los ácaros necesitan un ambiente húmedo para reproducirse. Mantén la humedad del hogar entre el 30 y 50% utilizando un deshumificador eléctrico, o recurre a métodos caseros como vasos con sal gorda distribuidos por las habitaciones para absorber la humedad.
Aunque los ácaros prefieren el calor, no resisten las temperaturas extremas. Lava la ropa de cama, sábanas y prendas susceptibles a temperaturas superiores a 60ºC siempre que la tela lo permita. Después, sécalas completamente y plánchalas al vapor para eliminar cualquier rastro de humedad antes de guardarlas.
Usa un trapo húmedo para limpiar todas las superficies, muebles y zonas de polvo acumulado. Esto evita que los ácaros se dispersen por el aire. Tras la limpieza, ventila bien la habitación para que no se acumule la humedad.
Aunque muchas personas hablan de "alergia al polvo", en realidad la alergia es provocada por los ácaros que viven en el polvo. El polvo en sí es principalmente una mezcla de fibras textiles, células muertas y restos de comida, pero son los ácaros y sus desechos los que desencadenan la reacción alérgica.