Solemos perder la perspectiva en lo cotidiano en la rutina diaria. Creemos que somos capaces de controlar muchos más factores de los que realmente podemos. Por eso cuando un desastre natural, pandemia o cualquier otra vicisitud externa nos asalta, vivimos una situación traumática que nos hace sentir indefensos y con un miedo atroz. Esta indefensión pervive mucho después de haber vivido una situación extrema y, a menudo, se necesitan ciertas herramientas para volver a la normalidad.Después de una perturbación súbita del estado emocional que se escapa a nuestro control, se recomienda seguir unos consejos que pueden ayudarnos a no caer en estados depresivos o de ansiedad crónicos. No olvidemos que nuestro cerebro es plástico y nos permite aprender (y desaprender) en cierta medida. Aunque nunca podamos olvidar esa situación traumática lo cierto es que se puede empezar con una nueva rutina que nos haga más fuertes y más sabios.
Vamos a tener que hacer un repunte al concepto mal utilizado de “volver la normalidad”. Después de una situación traumática es imposible volver. El concepto de “volver” implica ir hacia atrás, regresar a un pasado que ya no existe. Por eso, antes de nada, debemos olvidarnos de que vamos a volver a antes de la circunstancia o momento crítico. De este modo, para volver a la normalidad debemos abandonar el pasado y mirar hacia adelante.
Tendremos que ser conscientes de que la realidad ha cambiado, nosotros hemos cambiado y nuestro entorno ha cambiado. Solo así nos liberaremos de la ansiedad que provoca el hecho de tratar de retornar a un estado que se ha desvanecido. Una vez hecho esto, hay ciertas pautas que podemos seguir: