Te invito a reflexionar por un momento acerca del respeto que sientes hacia ti mismo. Piensa en cómo te tratas, y si lo estás haciendo como harías con una amistad por la que tienes mucho aprecio y cariño. ¿Sueles prestar atención a cómo te estás tratando? Sea cual sea la respuesta, la meditación puede ayudarte.
¿Quién es la persona con la que tendremos que convivir para el resto de nuestras vidas? La respuesta es clara: con nosotros mismos. Nosotros somos la persona a la que en primer lugar tendrás que querer y valorar, porque este pilar representa la clave para obtener la confianza que necesitamos, tanto para relacionarnos con los demás, como para hacerlo con nosotros mismos.
Centramos nuestra energía en lo externo, preocupándonos por cómo nos verán los demás. Por lo general, creamos una imagen acerca de nosotros mismos, una máscara acorde a las situaciones que vamos viviendo. Esta máscara tiene muchas caras y todas ellas nos apartan de una sana autoestima y una confianza en nosotros mismos que necesitamos ejercitar, no ocultar ni evitar.
La honestidad es un componente esencial en nuestras vidas, un ingrediente básico al que nos hace llegar la meditación. Se trata de darnos un voto de confianza, sin culpabilizarnos, ni avergonzarnos por lo que somos. Actuar responsabilizándonos de nuestras acciones, sabiendo que todo tiene consecuencias y que huir de ellas no es la solución. Afrontarlas nos ayudará a ver cada experiencia como un aprendizaje en nuestro recorrido.

Cómo cultivar tu autoestima y mantenerla en buen estado gracias a la meditación
Se habla mucho de la autoestima, como algo que viene y va y que todos queremos aumentar y conservar. El mundo en el que vivimos está en constante movimiento, los cambios forman parte de nuestro desarrollo y de nuestra existencia; y esto es algo evidente y que todos sabemos. Ahora bien, demos habernos las siguientes preguntas: ¿te quieres?, ¿confías en ti? Si alguna de las respuestas es negativa, tendremos que atender al por qué y así veremos todas las condiciones que nos pones a nosotros mismos para valorarnos y tenernos en buena estima.
Estas condiciones que nos ponemos, son limitaciones que no nos dejan avanzar. Dejamos de tener aprecio hacia nuestro propio proceso vital. Estos sentimientos hacia nosotros mismos han de ser algo incondicional. Al igual que el amor de una madre hacia su hijo.
Estas barreras son las condiciones que nos ponemos para poder valorarnos y las que ponemos también a los demás para apreciarlos y respetarlos. ¿Por qué no comenzamos por el respeto hacia nosotros mismos? La meditación nos aporta la clave para que el proceso, tanto de nuestra autoestima, como el de cultivar el amor hacia nosotros mismos, sea desde dentro hacia fuera y no desde fuera hacia dentro.

No podemos mantener algo tan importante como el valor que nos damos a nosotros mismos, si está en constante cambio dependiendo de las circunstancias. El ilustre filósofo John Locke decía de forma muy apropiada que: “Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”.
Nuestra felicidad es igual. En el momento que permitimos que esté en constante variación en relación a las causas externas, nos volvemos esclavos de ella. Creemos que tenemos que acumular éxitos, ser competentes, obtener más dinero, conseguir más trabajo, tener pareja, etc., para así obtener la tan ansiada felicidad. Esto, si lo analizamos bien y tomamos conciencia de ello, nos damos cuenta que es un tremendo error.
