

Entre lo que se cree que el cerebro hace y lo que realmente hace – hasta donde se puede observar hasta ahora – hay una gran diferencia.
A los neurocientíficos de la vieja escuela les cuesta creer la influencia del amor, de la meditación, del corazón, de la microbiota.
Es hermoso ver que el cerebro no es el rey ahí arriba aislado dando órdenes, sino que la realidad muestra que todo es conexión, interrelación, redes, somos un todo, holobiontes es la palabra, interacción de vidas.
Me ha encantado una frase que dice Nazaret, La actitud como tratamiento.
Esto lo vemos diariamente en consultas.
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