Las frutas, los vegetales, la leche o los huevos aportan importantes nutrientes a nuestro organismo. A veces, por falta de tiempo u otros motivos, no nos alimentamos correctamente y dejamos de tomar todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita. En este contexto los alimentos funcionales, tratan de suplir estas deficiencias.
Los alimentos funcionales son aquellos que han demostrado científicamente que aportan beneficios fisiológicos a nuestro organismo, mejorando el bienestar físico y la salud de las personas.
Además, los alimentos funcionales pueden aportar beneficios de carácter preventivo, de forma que su consumo minimice la predisposición a desarrollar alguna enfermedad. En este sentido, son comunes los alimentos enriquecidos con omega 3, flúor, yodo, ácido fólico, fitosteroles, fibra, etc.
Se estima que 1 de cada 4 productos alimentarios a la venta en nuestros supermercados pertenecen a este grupo de alimentos enriquecidos.
Los alimentos funcionales son aquellos que están enriquecidos con el objetivo de dotarles de un valor añadido a sus propiedades nutricionales originales, existen:
Aunque pueden formar parte de la dieta habitual de cualquier persona, están especialmente indicados a grupos poblacionales con necesidades especiales.
Ejemplos útiles y eficientes son:
La legislación española y europea es estricta con este tipo de alimentos, obligando a indicar en el envase qué cantidad lleva de ese nutriente específico con el que se ha pretendido añadir valor al alimento.
Además, el etiquetado no debe hacer mención a propiedades preventivas, curativas o de tratamiento de enfermedades.
En Dieta Coherente promovemos una alimentación variada y equilibrada, basada en alimentos frescos y de temporada, por lo que las carencias nutricionales son muy poco frecuentes.
Con frecuencia la dosis de nutriente incorporado no logra el efecto propuesto. Un ejemplo son las leches enriquecidas con omega 3, que además de tener un precio elevado no logran cubrir las carencias que existen en prácticamente la totalidad de la población en cuanto a este tipo de ácido graso esencial.
Muchas veces estos alimentos funcionales tienen un precio excesivo para los beneficios que aportan y en muchos casos se utiliza una alegación nutricional aprobada para otro nutriente para justificar su efecto funcional.
Un ejemplo de esto sería añadir zinc para poder afirmar que los lácteos líquidos fermentados tienen una acción sobre el sistema inmunitario, pues los lactobacilus aún no tienen dicha acción aprobada por la legislación europea.
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