
En este post vas a conocer sobre la dieta mediterránea. Esta es una dieta que es reconocida científicamente como la más saludable de todas la existentes a nivel mundial. Pero ésta no se basa únicamente en un modo de cocinar o en el empleo de determinado alimentos, sino que también se corresponde con una filosofía de vida que combina una forma de alimentación, compuesta de ingredientes tradicionales, con recetas y modos de cocinar de la zona mediterránea y la cultura y estilos típicos de esta región (paseos, bailes clásicos, tertulias y siesta). Esta combinación de elementos ha de dar lugar a una vida saludable apoyada, fundamentalmente, en la alimentación.
Los principales ingredientes En la Dieta Mediterránea predominan algunos tipos de alimentos como los vegetales, el pan, la pasta, las verduras, las ensaladas, las legumbres o las frutas y frutos secos.

Además, hay que añadir el consumo de pescado, de aves de corral, de productos lácteos y de huevos, sin olvidarse de las pequeñas cantidades de carne roja que también son habituales.
En lo que a la bebida se refiere, se caracteriza por incluir moderadas cantidades de vino en las comidas. De este modo, se puede afirmar que esta forma de alimentación se caracteriza por la variedad en los ingredientes, por la proporcionalidad de los componentes fundamentales (fibra, vitaminas, antioxidantes y ácido grasos insaturados) y por la frugalidad. Este tipo de alimentación supone comer sano, algo que se encuentra al alcance de cualquiera que conozca los ingredientes esenciales, la riqueza y variedad de sus productos y el buen sabor de sus platos que combinan los mejores productos de la tierra y del mar.


Numerosos estudios científicos han demostrado que esta alimentación permite una especial protección frente a determinadas enfermedades cardio-vasculares, especialmente en las relacionadas con la arteriosclerosis, y frente a algunas enfermedades malignas como el carcinoma de colon. Asimismo, se ha comprobado que existe un bajo índice de enfermedades coronarias en los países del Mediterráneos, lo cual tiene mucho que ver con el escaso consumo de grasas saturadas.
De igual modo, se observa en estas zonas un promedio más bajo de colesterol sanguíneo o plasmático y, además, esta dieta impide su oxidación y, con ello, el proceso de formación de lesiones en las arterias que, posteriormente, pueden provocar un infarto. Y es que de sobra es conocido que este tipo de alimentación contiene numerosas sustancias antioxidantes (vitaminas A,E,C, etc.) capaces de evitar la oxidación del colesterol.